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Voy a Gayosso

Guillermo Sheridan

La cosa es que le está yendo tan bien a Gayosso que, en una de esas, la 4T la nacionaliza y se la encarga al Ejército por ver si la ineptitud inhibe un tanto a la pandemia…

Trascendió en las redes una algarabía por el obituario de la agencia funeraria Gayosso, ni sin razón, pues más bien parecía directorio telefónico. Que hubiera un centenar de difuntos diarios es ominoso. “Qué solos se quedan los muertos”, se quejaba Bécquer: pues ahora son tumulto.

La cosa es que le está yendo tan bien a Gayosso que, en una de esas, la 4T la nacionaliza y se la encarga al Ejército por ver si la ineptitud inhibe un tanto a la pandemia…

Gayosso, noble apellido que en México devino sinónimo de entierro y metonimia de postrimería. Se dice “voy a Gayosso” para no decir “funeral” y así tocar madera con un cómodo amuleto lexical. Y he escuchado gayosear y gayoseó como sinónimos de caducar (menos mal que la fundadora familia Gayosso Mugarreta no empleó el segundo apellido…)

Pero ojo, Gayosso no remite ya a los fundadores sino al potente conglomerado que compró el nombre con todo y funeraria para mejor comercializar el trámite final, el de la altanera que ulula: “Yo soy la Muerte cierta a todas las criaturas/ que son y serán en el mundo durante”.

Pues sí, mas para ingresar a esa certeza, antes de irse persécula al cielo, al infierno o al indeciso purgatorio, la gente difunta checa tarjeta en Gayosso. O cierta gente, porque —como dice Paco Calderón que dijo Abel Quezada—, hay dos tipos de mexicanos: los que entierra Gayosso y los demás. Morirse en Gayosso incluye un certificado de calidad postmortem muy importante para los deudos premortem. No hay mexicano que desdeñe los medidores de la vanidad, y tramitarse en Gayosso es la primera, por ser la última.

Una última siempre presente, como sugiere la intensa publicidad Gayosso al rozar la metafísica. Es una “agencia” que desde su fundación incluye la eternidad del trámite, como lo cuenta Manuel Gutiérrez Nájera al decir que “los hermanos Gayosso Mugarreta han hecho un contrato con la Iglesia para monopolizar los responsos y encargarse del refrendo y desempeño de las ánimas del Purgatorio.”

La actual Gayosso ofrece cursos de “Psico-educación” y de “tanatología preventiva” (es en serio). Su sitio de Internet es una Disneylandia del arte de pirar, con todo y caricaturas. Su “gama única” incluye “Planes de proyección funeraria a la medida” para ampliar el espectro económico y así atraer espectros que pagarán a plazos y serán recordados mes con mes. Los planes “Transferibles a familiares y amigos” son como un tiempo compartido en las playas del más allá. Y presumen “La oferta más completa del mercado” en lo que toca al ataúd, la urna, los traslados, el embalsamamiento, el velatorio, la cafetería, la misa, las flores, la esquela.

Si su difuntito quiere estar al día puede hacerlo comprando ataúdes ecológicos de madera o de mimbre. Si trae prisa, tenemos la urna biodegradable de sal o madera, y, sobre todo, la “urna biovida” que incluye la semilla de un ciprés italiano que germinará muy pronto (de nuevo: aquí la 4T podría coordinarse con su programa “Sembrando Vida”). Y como alternativa a la contaminante cremación se puede optar por la “aquamación” (sic) que desaparece al finado no con fuego sino con “hidrólisis”, lo que incluye descuento en el spa del paraíso.

Y claro, además de funerales por Zoom, puede contratar el servicio InMemori: una “plataforma digital” de ser querido que incluye links, WhatsApp, email, redes y SMS. Busque en Gayosso.com la instrucción que dice “de click en éste banner” y listo: al cielo en megabytes.

Y no, no es burla, ¿cómo se burla quien espera turno?

 

@GmoSheridan

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