Un viaje ilustrado a los Estados Unidos

Guillermo Sheridan

Castañeda ha reunido y revisado toda la enorme cantidad de visiones que a lo largo de los siglos fueron creando de Tocqueville a Naipaul, de Dickens a Trotsky...

Leí el fin de semana Estados Unidos en la intimidad y la distancia, libro vertiginoso de Jorge Castañeda que acaba de sacar Debate-Random House. Aunque publicado originalmente en inglés, pues busca interloción en EU, el libro se suma irremediablemente a la vasta bibliografía de viajeros y visitantes que desde hace dos siglos se han atareado en “explicar” a ese país anómalo (que para ventura nuestra, y a veces nuestra desgracia, está más injertado que zurcido con el nuestro).

Pero no es el libro de un turista, sino de alguien que ha vivido en EU largas temporadas y lo sigue haciendo, semestral, en la Universidad de Nueva York: una experiencia sumada a un agudo sentido de la responsabilidad intelectual, tan necesario como infrecuente ante ese país peculiar. Ese país “primitivo y moderno, sencillo y complicado”, como abrevió Rubén Darío hace cien años, antes de aportar los obligados prejuicios al nutrido catálogo mundial de “ideas recibidas” contra EU.

No es Darío el único vocero de ese catálogo, ni tampoco Martí: Castañeda ha reunido y revisado toda la enorme cantidad de visiones que a lo largo de los siglos fueron creando de Tocqueville a Naipaul, de Dickens a Trotsky, de Sartre a Baudrillard o de Lévi-Strauss a Octavio Paz.

Castañeda revisita ese catálogo de estereotipos para trocarlo en conocimiento y datos duros; discute muy a fondo, con un rico aparato referencial, todas las cuestiones históricas, sociales, económicas, políticas y culturales del caso: el excepcionalismo, la “uniformidad”, las vicisitudes de la “igualdad” y la inmigración, la injusticia racial, de género y económica. Pero lo hace desde la idea de que EU es el primer país imaginado por una idea de “la clase media”, algo que carecía de parangón en el resto del mundo. Una diversa cultura clasemediera amenazada ahora por la desigualdad que, desde 1970, los grandes intereses convierten en una suerte de feudalismo, cerrando una disfuncionalidad de la democracia que avería ya a la clase media y hace prosperar al republicanismo actual.

El libro es extenso y detallado (el pragmatismo, la ferocidad de Wall Street, la extraña vida religiosa, el infierno de un país con millones de prisioneros), y me detengo apenas en las reflexiones sobre la cultura, núcleo del excepcionalismo, la “más sofisticada, imaginativa, abierta” y dispuesta al contagio con otras (aquí salta la iracundia antiyanqui, esa que cada año celebra que otro mexicano gane un Óscar).

Es la cultura “de masas”, no porque las atonte, sino porque fue en efecto creada masivamente en un país que en vez de cortes y conventos se llenó pronto de universidades; un país que desde el XIX publicaba más periódicos y libros que toda Europa junta; un país que tenía en 1900 2 mil bibliotecas públicas cuando en Holanda había siete… Y por lo mismo, un país que, como espera Castañeda, sea capaz de enfrentar las responsabilidades de un país maduro ante problemas como el cambio climático o la tensa realidad geopolítica.

Octavio Paz (que vivió mucho en EU) escribió alguna vez que los mexicanos miramos a los EU “con una mezcla de curiosidad y desdén; después, con admiración y entusiasmo, pronto teñidos de temor y de envidia. La idea que tiene el pueblo de México de los Estados Unidos es contradictoria, pasional e impermeable a la crítica; más que una idea es una imagen mítica.”

Bueno, pues ya hay crítica. Es un libro sobre Estados Unidos, pero en el que México tiene mucho que aprender.

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