Modelos para escribir columna positiva

Guillermo Sheridan

Luis Echeverría decidió graduar la “Revolución” al rango de “Transformación”, concepto que usaba compulsivamente cuando informaba

Dado que ahora los columnistas pasamos por el riguroso cedazo de la evaluación presidencial, y podemos merecer la calificación de “positivos”, “negativos” o “neutros”, es menester aprender a alabar correctamente al Supremo. No hay mejor escuela que los informes presidenciales y sus respuestas, cabales embutidos de elocuente prosa y varonil hondura. Se pueden leer en cronica.diputados.gob.mx.

Dan para inspirar columnas positivas como hasta el año 2168.

Por ejemplo, un presidente que se llamaba Luis Echeverría decidió graduar la “Revolución” al rango de “Transformación”, concepto que usaba compulsivamente cuando informaba:

“Más amplia es la consulta ciudadana, más se aleja el país de cualquier tentación autoritaria. Somos los primeros en reconocer la necesidad de transformar. Los problemas más graves han de solucionarse por medio de las transformaciones que hemos iniciado. He insistido en actuar con una nueva moral ciudadana. El verdadero revolucionario transforma la realidad y se transforma con ella. Demandamos la colaboración de todas las fuerzas sociales para llevar a cabo las transformaciones que el país exige. El fundamento del progreso es el poder transformador de la voluntad comunitaria. Logremos la transformación radical de las estructuras de injusticia que prevalecen. La transformación de nuestras estructuras mentales. Que todos los mexicanos, incluso quienes no han entendido hasta ahora el sentido y la necesidad de las transformaciones que impulsamos, se sumen a la tarea colectiva. Siempre en favor del pueblo y en contra del privilegio.”

Y los diputados respondían: “Somos testigos de su esfuerzo. En chamarra, en guayabera, sin corbata, derruyendo el protocolo, hablando sin ambigüedades. La nueva moral ciudadana que ya se advierte en la República auspicia la dialéctica del funcionario público que está usted modelando. Los mexicanos, unidos en una unidad combativa y militante, caminando todos, participando todos porque tenemos que cambiar este país, ¡UN PRESIDENTE LO ESTA CAMBIANDO! Y los mexicanos estamos comprometidos históricamente a transformar esta sociedad, a hacerla como usted quiere; más justa, más equitativa, más democrática.”

Y agregaban: “Más que verlo como un Jefe de Estado, el pueblo lo advierte como un líder moral. Sin límite de horarios y sin barreras de protocolo, realiza un gran viraje histórico. Al principio, comunidades de la sierra y el valle, de la costa y la montaña, no daban crédito a sus ojos. Veían a un Presidente escalando peñascos, cruzando ríos, demandando el diálogo y la denuncia, en busca de la verdad. Al demandar usted la verdad, el país recobró el verbo de la insurgencia. Señaló que quienes pregonan que primero debemos crecer, para luego compartir, se equivocan o mienten por interés. Los mexicanos hemos abatido los muros de la falsedad que intentó levantar una élite gerencial mistificadora de nuestra Revolución y de nuestra Constitución…”

Y listo: da usted positivo.

Claro, para no caer en la lambisconería se agregaban párrafos como: “Una exaltación vana de la persona distorsiona el camino de redención nacional que transforma al país. Usted enriquece el patrimonio moral de la nación. No ha sido el nuestro un propósito de rendirle a usted un elogio ditirámbico; no está en la naturaleza de esta nueva época de los mexicanos. Mis compañeros no lo aprobarían; usted sería el primero en rechazarlo y el pueblo lo condenaría…”

Y la ovación duraba cinco minutos…

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