Para Verónica Murguía
Buenas tardes. Sean todos bienvenidos a la presentación de este libro del gran poeta mexicano Efraín Huerta: Aurora roja. Crónicas juveniles en tiempos de Lázaro Cárdenas, 1936-1939, prologado y editado por Guillermo Sheridan y sus alumnos. Es un libro que apareció casi subrepticiamente en 2006, impreso por una pequeña editorial inexistente pero de nombre hermoso, “Pecata minuta”.
Fue un trabajo laborioso que formaba parte del “Proyecto para la documentación de la literatura mexicana”, que dirige Sheridan en el Centro de Estudios Literarios de la UNAM desde 1990. Intervinieron en su elaboración sus formidables alumnas y alumnos Maribel de la Fuente, Maribel Torre, Gustavo Jiménez Aguirre y Eliff Lara. Fueron dos años de pacientes hemerotecas, cotejos fatigosos y escrupulosa investigación. El libro de Efraín se sumó así a otras ediciones críticas de obras (y diarios y cartas) de José Juan Tablada, Ramón López Velarde, José Gorostiza, Jorge Cuesta, Carlos Pellicer y Octavio Paz que ha publicado ese Proyecto desde entonces. El último, una Antología caprichosa de poetas franceses que hizo Paz en 1958, editada por Fabienne Bradu y Sheridan, acaba de aparecer en la editorial El Equilibrista.
De Aurora roja se imprimieron sólo 50 ejemplares que fueron regalados a otras tantas bibliotecas interesadas en la cosa mexicana. Sucedió que tuve un desencuentro con David Huerta, a quien le pareció que la edición no reflejaba adecuadamente las ideas políticas de Efraín, su padre. Yo insistía en que decidir si era o no un libro meritorio y si la edición era o no adecuada, era algo que le correspondería a la crítica y a los lectores. David no pensó lo mismo. Fue un episodio triste y se llevó consigo una vieja amistad que nos tomó tiempo restaurar, más afectuosa que nunca, y que incluyó el esperado imprimatur.
El libro recoge 100 crónicas periodísticas que registran y documentan muy sabrosamente la vida en México al final del lazarato: el trato entre las letras y la política, la guerra civil y el exilio español, Neruda y Cernuda, la amistad con Octavio Paz, la URSS, el fascismo, los partidos políticos y los partidos de futbol, Hitler y Franco, la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, la prensa, la ciudad inabarcable, la vida nocturna y callejera, el “imperio de la Plaza Garibaldi”, los viajes a la provincia, las hablas y los estilos, los chismes y el activismo social, la danza de las generaciones, las revistas literarias, el nacimiento del PRI, la invención de dos personajes fantásticos, Blasfemo y Masiosare, cuyas charlas y rencillas ilustran las querellas ideológicas de la hora, los chistes privados, las caricaturas del medio intelectual o político, la pasión por el cine, que lleva a Huerta a discursear sobre la frivolidad de Greta Garbo y a denunciar la ideología imperialista en las caricaturas de Walt Disney frente a la dignificación del pueblo del cine soviético.
En fin, recomiendo mucho este libro nutrido y nutritivo. Había que despertarlo de ese sueño de los justos donde estuvo 20 años.
La semana pasada descubrí que en a un sitio de Internet que suelo visitar, que se llama archive.org y que hospeda cientos de miles de libros, también es posible subir libros meritorios. En ese sitio que demuestra que, en efecto, “todo lo sabemos entre todos”, me atreví a subir Aurora roja. Creo que Efraín —a quien traté y quise cuando trabajábamos juntos en Difusión Cultural de la UNAM— me perdonará la osadía, lo mismo que mi querido David.
Gracias por su atención, estimado público asistente. Y ahora tomemos una copa de vino.

