El Supremo contra las Fundaciones extranjeras

Guillermo Sheridan

Como resumió Rafael Rojas, el gobierno denosta al financiamiento público porque no es austero, al privado porque es neoliberal y al extranjero porque es imperialista

En lo que parece el concurso semanal de cometer tonterías, El Supremo arremetió contra las “instituciones del extranjero” que patrocinan “a la llamada sociedad civil” que osan criticar su Tren Maya, esa pueril fantasía de un chu-chu-chú intercenotes. Como dice el refrán, hasta los paranoicos tienen enemigos imaginarios.

De acuerdo con El Supremo, las fundaciones privadas Rockefeller, Ford y Kellog’s, así como USAID o la NED (la Fundación Nacional para la Democracia), del Congreso Estadounidense, se han coludido para obstaculizar esa Magna Obra Ferroviaria por medio de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, Animal Político, México Evalúa y otras organizaciones dedicadas a la democracia o la ecología que, a su superior parecer, son sólo “disfraces” para atacarlo.

Al lanzar su mandoblazo, El Supremo comunicó que “me gustaría” que esos organismos de la “sociedad civil” (sus comillas como denigración) expliquen si su paranoia es cierta o no. Ya todas le explicaron, en vano, pues El Supremo es modestamente infalible.

Como resumió Rafael Rojas, el gobierno denosta al financiamiento público porque no es austero, al privado porque es neoliberal y al extranjero porque es imperialista. Es lamentable que El Supremo, que se las da de historiador, obviamente carezca de una mínima conciencia de lo que han hecho por México algunas de esas fundaciones.

Ya una vez narré cómo la Fundación Rockefeller fue durante décadas —mientras los generalotes nacionalistas bramaban su amor al pueblo— la “organización extranjera” que se encargó de crear la salubridad pública moderna en México financiando el combate a la tuberculosis, la malaria, la fiebre amarilla y la sífilis. También financió la agricultura en Chapingo y la “revolución verde”; creó el Instituto Nacional Indigenista, financió a la Escuela Nacional de Antropología y a la UNAM y a la Biblioteca Nacional y a El Colegio de México...

Sin el patrocinio de la Rockefeller, por ejemplo, Daniel Cosío Villegas y su equipo no podrían haber escrito su Historia moderna de México, esos 10 tomos de primera que El Supremo suele saquear en sus libritos de tercera.

Y financió el estudio de las lenguas indígenas y la economía de las etnias. Y fue nuestro primer CONACULTA al patrocinar el arte de Miguel Covarrubias o de Blas Galindo, el teatro de Salvador Novo y Seki Sano; los estudios e institutos de Alfonso Reyes, los de Silvio Zavala y Leopoldo Zea; creó y financió al Centro Mexicano de Escritores, donde becó a Juan José Arreola, a Rulfo, a Luisa Josefina Hernández, a Ibargüengoitia, Tomás Segovia y Salvador Elizondo y un (créame usted) prolongado etcétera…

La Fundación Kellog’s lleva 80 años financiando organizaciones comunitarias y académicas, El Supremo lleva dos, quejándose. Ya podría otorgarles “El Águila Azteca”, pero prefiere criminalizarlas, estigmatizarlas y difamarlas por atreverse a financiar a la “sociedad civil”.

También es curioso que incluya entre los intervencionistas a USAID y a la NED, organizaciones que sí dependen del gobierno estadounidense. De las dos son o han sido empleados los multimillonarios Irma Eréndira, severa secretaria de la Función Pública, y su esposo Ackerman, ecuánime secretario de Adulación Pública, uno de cuyos frecuentes “invitados de lujo” (pagado por el erario nacional), el académico Boaventura de Sousa Santos, izquierdista y morenista, es el principal promotor en Europa de la campaña contra el Tren Maya…

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