El SNI contra la meritocracia

Guillermo Sheridan

No hay que ver al futuro con ansiedad, ni al pasado con nostalgia, sino a los lados y con cuidado

En estos días sucederá la “refundación” que el “Conacyt de la 4T” —como lo ha rebautizado su directora, María Elena Álvarez-Buylla— ha decidido asestarle al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) que, a su parecer, es un sistema “individualista, meritocrático y competitivo” y no uno de “trabajo colaborativo” que “incida en los grandes problemas de la nación”. 

Supongo que el SNI, pues, no tardará en cancelar mi membresía, toda vez que mi trabajo es individual, según mis evaluadores tiene cierto mérito, y es el resultado de mi competencia generadora de conocimiento sobre la poesía mexicana que difícilmente podría ser considerada “gran problema de la nación” en tanto que tiene una muy elevada calidad.

Claro que Horacio discurrió hace siglos que la poesía debe ser “dulce et utile”, a lo que se suele responder que justo por ser dulce es que ya es utile (duh). Lo que no previó fue el día en que habría que demostrarle utilidad práctica, que no sólo debía ser util sino utilitaria. Así pues, me veré como tantos de mi área en el aprieto de demostrar que su estudio aumenta el bienestar del pueblo y vitamina la patria soberanía. 

Supongo que ahora, para conservar el estipendio monetario que se me ministra (como se dice “dar dinero” en transformañol), no bastarán las evaluaciones anuales que me asestan desde hace décadas los comités y consejos, jueces y jurados en la academia y el SNI, de acuerdo a sus respectivos cuanto estrictos reglamentos y metodologías, sino mi capacidad para reorientar mi trabajo “de manera más eficaz hacia una articulación sustantiva en torno a los retos sociales con rigor epistemológico desde el quehacer científico y tecnológico”. 

¿Podré? ¿Podré meterle articulación sustantiva con rigor epistemológico a mis trabajos y demostrar que ameritan estipendio monetario no gracias a que estudio y trabajo, sino a pesar de ello? No habrá más remedio, a mis cansados años, por culpa del avión resbaladizo en cuya rifa no me saqué ni reintegro meritocrático. Ánimo. Como dijo el clásico: No hay que ver al futuro con ansiedad, ni al pasado con nostalgia, sino a los lados y con cuidado. 

¿Quizás sea cosa de potenciar mi marco normativo para consolidar la incidencia epistémica, empírica y de enfoque holístico del conocimiento tradicional de poesía de frontera para que pluralice la transformación profunda de punta?

Podría reorientar la utilidad de mis libros “en favor de lo público”, por ejemplo, aplaudiendo a López Velarde por haber sacado al diablo del negocio de los veneros de petróleo y reintegrarle dignidad al combustóleo. O argumentar que la poesía de José Gorostiza repercute en el bienestar social por haber propuesto el derecho al agua a pesar de que la pobrecita se ahoga en un vaso de agua. O que la poesía de Gilberto Owen convoca políticas públicas socioecológicas para desasolvar al “Lerma cenagoso”. O concluir sectorialmente a José Juan Tablada por haber satirizado a Madero, pero reivindicarlo por focalizar la meta clara del “júbilo de los chiles en nogada”. O ensalzar a Pellicer porque es de Tabasco y de su “alacrán azul” puede salir suero antiviral. Y desde luego, criticar a Octavio Paz por reaccionario a futuro por andar anticipando al “cocodrilo metido a redentor” … 

Y luego invito a unos militantes para que firmen mis libros para que ya sean colectivos, y los escribo mal para que no tengan cosa meritocrática… A la mejor la libro. Y si no, igual gano en la futura tómbola para entrar al SNI… 

 

@GmoSheridan
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