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El movimiento San Isidro

Guillermo Sheridan

El dictador Díaz-Canel decretó que el MSI es un complot imperalista “para destruir nuestra identidad y sojuzgarnos nuevamente”

Qué paradoja que en un país que tanto ha tenido que decir (y que tan bien lo ha dicho) la libertad de expresión lleve 60 años bajo el control del Estado. Qué paradoja en el país de Lezama Lima y Carpentier, de Dulce María Loynaz y Virgilio Piñera, de Reinaldo Arenas, de Sarduy y Cabrera Infante, de Eliseo Diego y José Kozer y de tantos que tuvieron que exiliarse para escapar de las lupas de los comisarios.

Es por lo mismo importante lo que acontece con el Movimiento San Isidro (MSI) de los jóvenes cubanos que exigen que se reconozca su derecho a pensar, a escribir, a pintar y a cantar lo que quieren sin que el Estado lo autorice antes.

Comenzó con un muchacho que no tramitó su licencia de rapero ante el gobierno (es en serio). Fue detenido por faltas de respeto a la autoridad y sus amigos protestaron y fueron arrestados y otros se pusieron en huelga de hambre en una casa de San Isidro y otros llegaron para solidarizarse y así hasta que la cosa se graduó a movimiento “espontáneo y horizontal” como dice la artista Tania Bruguera (que fue arrestada).

La dictadura aceptó un diálogo en el Ministerio de Cultura (gracias a las redes no es tan fácil ya dialogar a macanazos). Llegaron cientos de cubanos que hicieron una “sentada” afuera mientras, adentro, el MSI hacían su demanda: libertad de expresión y libertad política. Luego se sumaron otros gremios, como el académico, que exigen “la democratización de la sociedad y la política cubana”.

El diálogo se canceló, claro. El dictador Díaz-Canel decretó que el MSI es un complot imperalista “para destruir nuestra identidad y sojuzgarnos nuevamente”. Sólo el arte que mejora a la sociedad es “arte útil”, declaró el Estado. Se restringió el acceso a la Internet y se desató el acoso policial. Mariela Castro y Abelito Prieto y Prensa Latina (la agencia cubana) ya chillaron que es un ardid del imperialismo que financia al MSI, al que tratan de “terroristas”. Y el canciller Bruno Rodríguez ya los acusó de querer “aniquilar el consenso social de la revolución” y pidió la solidaridad internacional por Internet.

México ya responde al llamado. El apoyo internacional a Cuba por Internet, que se llama TESORO (“Tejido Social Redes y Organización”) y depende de la “Federación Internacional de Comunicadores Populares”, tiene oficina local, un “telecentro” en YouTube y se coordina con Telesur de Venezuela y las agencias de prensa de Cuba, Rusia y China. La preside el revolucionario Ángel Guerra Cabrera, maestro de Casa Lamm y editorialista de La Jornada que dice luchar por una “democracia sustantiva, participativa, generadora de poder popular, como la que se practica en Cuba y en Venezuela.”

En la misma semana en que desde la Secretaría de Cultura se “desactivan colectivos”, el diario preferido de El Supremo ha publicado todas las versiones oficiales de Prensa Latina sobre el MSI: es “terrorismo de Washington”; es una campaña de “fake news” que busca un “golpe blando”; esos jóvenes no hacen arte sino “performances repugnantes y ofensivos” y además son “marginales”.

Hace poco, el señor Guerra le otorgó el Gran Premio TESORO de “comunicación social” a John Ackerman, quien ha declarado que EUA le asesta a Cuba “una agresión inaceptable”, que “la revolución cubana cuenta con gran apoyo popular” y que quien viola los derechos humanos de los cubanos es Washington, no La Habana. ¿Qué dirá el especialista de la UNAM en democracia y justicia social?

Me temo que lo mismo que dirá Palacio Nacional

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