El INE contra el agente de bienes raíces

Guillermo Sheridan

Una vez más, la semana pasada, el señor John Ackerman, secretario de Adulación Pública, atrajo las candilejas que tanto ama en su doble calidad de animador de televisión e ideólogo del MoReNa. En las semanas previas, lo hizo contra su voluntad, pues fue acusado de practicar el nepotismo (aunque, hay que reconocerlo, sólo con sus parientes) y de poseer con su esposa —la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval— una fortuna en bienes raíces que se cuidaron de transparentar, a pesar

Una vez más, la semana pasada, el señor John Ackerman, secretario de Adulación Pública, atrajo las candilejas que tanto ama en su doble calidad de animador de televisión e ideólogo del MoReNa. En las semanas previas, lo hizo contra su voluntad, pues fue acusado de practicar el nepotismo (aunque, hay que reconocerlo, sólo con sus parientes) y de poseer con su esposa —la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval— una fortuna en bienes raíces que se cuidaron de transparentar, a pesar de ser ambos los eternamente autopromocionados adalides de la transparencia.

En esta ocasión, lo iluminaron los reflectores por denunciar que el Comité Técnico de Evaluación del Instituto Nacional Electoral (INE), que eligiría a los finalistas para ocupar las vacantes en el Consejo Electoral (comité del cual formó parte, y cuyas reglas juró obedecer), no escogió a quienes Ackerman quería. El resultado fue la pataleta enésima, una que sus propios colegas de Comité, ofendidos, descalificaron con intensa pena ajena.

En teoría, la cosa debería haber terminado ahí, pero el popular conductor de TV no tardó en ordenar a los diputados del MoReNa que debían inconformarse con las conclusiones colegiadas del Comité y echarlas por tierra.

Y sus diputados lo obedecieron y en esas estamos.

La multimillonaria estrella de la tele no puede quedarse en el rango bobo de una anomalía chistosa. Su poder incluye al MoReNa, claro, pero también pesa en el Conacyt, la Secretaría de la Función Pública, la ultra de la UNAM, varios medios de comunicación locales e internacionales y, desde luego, en el mercado de bienes raíces.

Y, claro, tiene también poder en la Presidencia: unos días antes de la pataleta, Ackerman se jactó en la tele de que habla con el Supremo Líder una hora cada semana. Y si tiene tal influencia en la Presidencia, puede entenderse que los diputados del MoReNa hayan considerado que las sugerencias del militante equivalgan a órdenes del Investido Altísimo.

En otra entrevista de la misma semana, en un podcast gringo ultraizquierdista y antisemita, luego de ser anunciado como “¡Nuestro súperestrella en política mexicana!” y como “consejero del Conacyt”, Ackerman denunció que “un grupo específico de oligarcas y un montón de gente loca de la derecha” —intelectuales, “columnistas vendidos”, líderes de ONG— organizan un “golpe de Estado” contra el Líder Supremo.

Las entrevistas abundan porque Ackerman es empleado de Russia Today (RT), canal de TV que patrocina el gobierno de Putin (presenta a Ackerman como “¡Nuestro hombre en México!”); de TeleSur (que patrocina Maduro en Venezuela) y de Al Jazeera (que patrocinan los Emiratos Árabes). Y desde luego, en la UNAM y en el Politécnico. Hay mucho que ver y quizás sea importante, pues en su extraño español el animador suele indicar por dónde va la cosa…

En RT, por ejemplo, en su programa quincenal, La batalla por México, en febrero de 2020 declaró que el INE “es un partido de oposición que milita abiertamente en contra de la democracia y del Presidente de la República”, y denunció a Lorenzo Córdova, su consejero presidente, como “el rey de la impunidad y el fraude electoral”. Y una semana después fue puesto en el Comité Técnico del INE.

¿Por qué asombrarse, entonces, de la pataleta y de que ahora convoque a los diputados del MoReNa a rechazar los resultados de un procedimiento con las reglas que él mismo juró acatar? Es como si usted aceptara jugar con un equipo de futbol y, por perder el partido, denunciara a sus propios compañeros, y luego al árbitro y al reglamento de la FIFA, y al balón por redondo, y a la gravedad por gravitatoria y al final, con digna indignación, convocara a su porra a apoderarse de la cancha y a destruir las porterías.

Ahora se trata, pues, de acabar con la autonomía del INE, es decir, con el INE mismo, porque la idea que tiene el INE de la democracia no se corresponde con la “verdadera democracia” que propugna Ackerman, esa que, en apretada síntesis, es la idea de la democracia que tiene el “pensamiento” bolivariano, aquel que Ackerman suele alabar en sus programas de TV, en especial el de Venezuela, país cuyos “logros son espectaculares” y en cuyo futuro “se juega la dignidad de toda América Latina”.

Que el INE sea ahora declarado un obstáculo a esa peculiar fantasía convoca a defenderlo. Es lo único que impide conseguir el más espectacular de todos los logros…

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