Ackermans y Sandovales: “La familia es familia”

Guillermo Sheridan

“La familia es familia y el cariño es cariño”, pontificó en un decálogo divertido El Supremo Moisés al descender del Sinaí Republicano. “La familia es la mejor institución de seguridad social del país”, agregó con esa autoestima suya que él tiene en tan alta estima.

¿Explicará eso el amor a la familia que tiene la de Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, y su esposo John Ackerman, secretario de Adulación Pública? La semana pasada documenté que dos parientas de la secretaria cobran en el PUEDJS, programa justiciero que dirige Ackerman en la UNAM, donde es una suerte de superdelegado académico del MoReNa.

Si AMLO sentencia que “el nepotismo es lacra de la política”, los Ackerman Sandoval responden que “familia es familia y cariño es cariño”.

Hace tiempo narré cómo Amílcar Sandoval, hermano de la secretaria, mereció uno de los 16 lugares que ofrecía la Universidad de Yale para el programa “World Fellows” cuyo objetivo es formar “líderes globales”. No se sabe si lo merecía, pero sí se sabe que en el comité de selección, de pura casualidad, estaba Bruce Ackerman, papá de John Ackerman y suegro de la hermana del “líder global”. La famiglia Ackerman Sandoval convirtió así el nepotismo en materia prima de exportación.

Después del semestre en Yale, el cuñado Amílcar volvió al Senado como “asesor” del PRD (entre 80 y 100 mil pesos mensuales), luego ascendió al MoReNa, cuyo comité académico de selección (es decir, AMLO) lo lanzó de candidato a gobernar el estado de Guerrero (ganó el 3% del voto) y donde ahora es superdelegado y “líder global”.

También “líder global” de la famiglia es otro hermano de la secretaria Sandoval, Netzaí Sandoval, quien hacía carrera en la Coordinación de Asesores de la Suprema Corte de Justicia (SCJ). Luego se convirtió en el director de la “Escuela de Derecho Ponciano Arriaga”, fundada por MoReNa y luego incorporada a las “Universidades del Bienestar Benito Juárez”, que creó El Supremo.

Hoy en día esa universidad vive cierres y tomas y desasosiego múltiple porque, según sus alumnos, el Lic. Netzaí dejó un absoluto desastre administrativo y escolar. Lo bueno fue que el Lic. Netzaí dejó de ser director a tiempo, no sin antes mandar publicar el primer libro de esa universidad, uno que de pura casualidad escribió Pablo Sandoval Ramírez, el legendario militante comunista que fue su padre y de su hermana Irma Eréndira y suegro de John Ackerman. “Cariño es cariño.”

El Lic. Netzaí volvió entonces a la Suprema Corte. En julio de 2018 su cuñado Ackerman celebró en las redes “la limpieza y apertura del Poder Ejecutivo”, lo que a su parecer se ponía en evidencia porque Arturo Zaldívar, ministro de la SCJ y “uno de los juristas más brillantes de México” comió con él, su esposa Irma Eréndira y su cuñado Netzaí, lo que demostró que existe “una profunda democratización del poder judicial”.

Un mes después, el jurista brillante Arturo Zaldívar fue el “invitado de lujo” de Ackerman en el programa de TV que paga la UNAM y en el programa de TV que paga el Instituto Politécnico y fue debidamente ensalzado en ambos. Luego, dos colaboradoras del Lic. Netzaí, estudiantes de la “Ponciano Arriaga” consiguieron a cambio trabajo en el PUEDJS de Ackerman. Poco más tarde, el brillante jurista Zaldívar nombró a Netzaí Sandoval “asesor” de la Suprema Corte (90 mil mensuales). Y luego ya como presidente de la Suprema Corte, el ministro Zaldívar nombró al Lic. Netzaí titular del Instituto Federal de Defensoría Pública.

(Desde luego, suponer que la cercanía de una familia tan cercana al Ejecutivo pudiese averiar la debida separación de poderes y, peor aún, comprometer el buen juicio y la autonomía del presidente de la Suprema Corte, sería no sólo impensable, sino majadero.)

Y así sucesivamente.

La semana pasada, Ackerman tuiteó que los críticos de AMLO son “serviles incapaces de ver más allá de sus narices y billeteras”. Lo más opuesto a quienes “apoyamos, sin pedir nada a cambio el proceso de transformación profunda de la Patria”.

Esa frase “sin pedir nada a cambio” es ejemplar. Nada a cambio. Quizás sólo ojos desinteresados. Ojos que vean que la secretaria Irma Eréndira Sandoval debe ser la próxima presidenta de México. Amílcar Sandoval, el próximo gobernador de Guerrero. Netzaí Sandoval, el próximo ministro de la Suprema Corte, y John Ackerman, desde luego, el transformador profundo de la Patria, o por lo menos de la UNAM…

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