Greenpeace México
El intervencionismo estadounidense en la región latinoamericana no es nuevo. Desde las contras centroamericanas hasta los golpes de estado para imponer dictaduras militares, pasando por bloqueos económicos, desestabilización política e intervención en diversas elecciones; América Latina ha sufrido el mismo dolor de ser el territorio crítico y la fuente de materia prima, mano de obra e incluso mercados en expansión del imperio estadounidense.

En ese sentido, no hay una discontinuidad entre la doctrina Monroe (América para los americanos) y la doctrina “Donroe”, las acciones políticas y militares sostenidas por la administración de Trump para asegurar la región latinoamericana como territorio estratégico para las operaciones estadounidenses y sus industrias como la del petróleo, el gas y los minerales críticos, entre otros.
Cuál es la diferencia entonces, la primera es el descaro en el uso de la fuerza militar para controlar reservas de materias primas estratégicas como el petróleo y minerales clave para diferentes industrias, bajo pretexto de combate al narcotráfico, el nuevo enemigo del imperio (ya antes lo fue el comunismo y el terrorismo). La otra es que todo esto ocurre de manera paralela a una crisis climática creciente, que cada vez impacta de manera más cruda y despiadada nuestros territorios, causando daños particularmente a las poblaciones más vulnerables, esto no solo ocurre en América Latina, Estados Unidos también sufre de estos impactos, y son las poblaciones vulnerables las que pagan el precio.
La intervención militar y el control de facto que ha anunciado Trump en Venezuela viola el derecho internacional y sus facultades constitucionales y genera preocupación en la comunidad internacional, además se anuncia a la par de la participación importante de Estados Unidos en la industria petrolera venezolana (el país con más reservas probadas de petróleo en el mundo), el corte del suministro a las refinerías chinas y el interés por minerales críticos presentes en abundancia en el territorio venezolano.
¿Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar? Todo parece indicar que la campaña por asegurar la región para intereses estadounidenses está en marcha, en ese contexto es fundamental romper dependencias que pongan la seguridad y la soberanía nacional en situaciones vulnerables, particularmente en un tema tan importante como la energía porque dependencia puede implicar obediencia.
Desde hace dos décadas, México ha apostado por el gas estadounidense para generar más de la mitad de la electricidad del país y esto busca crecer aún más con los proyectos gaseros que anunció el gobierno recientemente (Puerta al Sureste, Saguaro, Amigo, entre otros). Pero, qué significa depender de Estados Unidos en estos tiempos políticos, pues significa que más de la mitad de la energía eléctrica podría estar a un decreto de apagarse. Hace un par de años, una helada “atípica” dejó a la mitad del país sin electricidad en medio de la pandemia de Covid-19, porque el gobierno estadounidense decidió asegurar el suministro a su mercado interno. Seguir agudizando la dependencia nos pone en una situación de inseguridad energética, y es a todas luces una mala idea tanto para la soberanía nacional como para la transición energética y las reducciones de gases efecto invernadero que el país ha comprometido.
Nuestro país podría ser autosuficiente si diversificara la matriz energética y aprovechara en su máximo potencial las fuentes solar y eólica (con justicia social).
En este contexto es importante fortalecer las soberanías nacionales, apostar por los procesos autonómicos que en nuestros países y comunidades han servido a la gente desde hace siglos, impulsando no solo nuevas tecnologías para satisfacer las diferentes necesidades del pueblo, no solo la energética sino también la alimentaria, hídrica, entre muchas otras.
También impulsando diferentes modelos de gestión de la producción y la demanda, en cuestión de energía esto significa una mejor repartición, un modelo de energía para y por la gente que ponga a la tecnología renovable al servicio del pueblo (existen varios casos de éxito de gestión energética comunitaria, como el de la cooperativa Tosepan, en Puebla).
Es fundamental fortalecer la solidaridad y la unidad Latinoamericana ante estos embates que vulneran a nuestros países. En estos momentos de incertidumbre y de golpes al multilateralismo y al derecho internacional, la prioridad debe estar en la garantía de los derechos humanos, la seguridad, la autodeterminación de las naciones y la denuncia de intereses imperialistas y neocoloniales que buscan extraer recursos naturales para perpetuar un sistema que solo beneficia a los más poderosos en detrimento de las personas y el planeta.