El PGA Tour marcha hacia un cambio —no tan radical— en su sistema de competición. Con la prioridad de mejorar el rating, no competir con la NFL, brindar espacios a sus mejores jugadores y crearlos para el resto de los golfistas, el máximo circuito ha comenzado a moldear su futuro cercano.

El circuito estadounidense ya no reacciona al LIV Golf, contrario a lo que se vio obligado a hacer el comisionado Jay Monahan hace cuatro años. Ahora, bajo el liderazgo de su nuevo CEO, el Tour se enfoca en crear su propio destino.

El ejecutivo delineó una visión de futuro construida alrededor de seis ejes principales; subrayó que las ideas aún son preliminares y deberán afinarse, pero —según reportes locales— pueden entrar en vigor para 2027.

La idea de fondo es clara: Compactar la temporada y darle forma a un ecosistema más estructurado. Un calendario que correría desde finales de enero (incluso puede ser febrero para la élite) hasta principios de septiembre, dividido en dos niveles. Arriba, un circuito “elevado”, con los mejores jugadores y las bolsas más fuertes; abajo, una plataforma competitiva que funcione como antesala, donde el mérito deportivo vuelva a ser la moneda de cambio para subir.

Ese circuito principal concentraría entre 21 y 26 torneos, integrando los cuatro Majors, The Players Championship, la Ryder Cup o la Presidents Cup, además de los tres eventos de Playoffs en la FedEx Cup. La clave no está sólo en el número, sino en el peso: Menos dispersión y más relevancia en cada parada. En ese contexto, la promoción y el descenso dejarían de ser una amenaza lejana para convertirse en el motor competitivo.

También hay una intención evidente de corregir el rumbo en el formato de los torneos. El Tour quiere regresar a fields más uniformes —idealmente de 120 jugadores, con corte— y dejar atrás los experimentos recientes de campos reducidos y sin corte, una dinámica que inevitablemente remite al modelo de LIV Golf. En paralelo, aparece una apuesta estratégica por el calendario: Abrir la temporada con un golpe de autoridad. Un evento grande, en la Costa Oeste, en un escenario icónico y con una ventana televisiva pensada para capturar el prime time en esa zona.

Y, como no podía ser de otra forma, el mapa también entra en revisión, con opciones de expandir horizontes, pero Rolapp dijo que sería para los eventos del otoño (como los tiene México para este 2026), mismos que siguen en revisión.

Todo converge en una misma idea: Elevar la importancia de cada torneo, sin necesariamente reducir el volumen total. Un sistema donde avanzar o quedarse no dependa de la inercia, sino del rendimiento sostenido semana a semana. Claro, siempre y cuando los inversionistas y patrocinadores estén de acuerdo. Convenios por concretar, razón principal por la cual Rolapp fue contratado.

Ramón Treviño Editor GOLF SHOT @ramontrevinof

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