Sainete en un acto. Reparto. Andrés Manuel López Obrador, Hugo Aguilar, un militar de la ayudantía de la Oficina del presidente.

Contexto. Año 2007, Chevrolet lanza una campaña publicitaria de su camioneta Cheyenne, de la misma familia de automotores que la Suburban. Nosotros usaremos una Cherokee.

Escena única: En la oficina de Palacio Nacional, donde desde la ventana se mira el edificio de la Suprema de Corte de Justicia de la Nación, sólo los divide el grueso cristal y la calle Corregidora. Se alcanza a escuchar el barullo del Zócalo y un el organillero que entona “Canción Mixteca” con una con una mano, y en la otra extiende la mano para recibir una moneda. Arriba, ya en las alturas, Hugo espera en la sala de juntas, justamente donde el capitán Gustavo Garmendia en 1913, mató al coronel Riveroll y al mayor Izquierdo, para intentar salvar al presidente Madero de la traición del embajador norteamericano Wilson y de Victoriano Huerta. Un mueble con un balazo desde ese entonces es testigo de la espera del abogado indígena. Está nervioso. Se escucha abrir una puerta interior de donde sale el ujier militar.

Militar.- Licenciado Aguilar, puede pasar.

Hugo Aguilar, nervioso, recoge la bolsa verde de plástico en la que trae un regalo; se levanta y camina, entra en la oficina del presidente, enfrente está un enorme librero, a la derecha una mesa de madera, y a la izquierda una sala de piel.

AMLO.- ¿Cómo te va Hugo?, le pregunta el presidente; y le ordena: Siéntate.

Hugo Aguilar.- Bien presidente, gracias por recibirme, le traje un “compuesto de nanche”, que le mandan los compañeros de Tlaxiaco.

AMLO.- Gracias Hugo, el pueblo es bueno.

Hugo Aguilar.- Lo recuerda la gente, cuando fue a inaugurar el hospital del IMSS. No lo pudieron ver por el coronavirus.

AMLO.- Sí me acuerdo Hugo, ya levantamos todo el sistema de salud, dejaron un tiradero de obras en salud los del pasado. Ya es igual al de Dinamarca.

Hugo Aguilar.- Sí, como el gobernador Murat.

AMLO.- No, él ya es bueno está apoyando la transformación. Malos los del PAN, PRI, PRD y MC. Pero yo te quería para que me apoyes en otra cosa.

Hugo Aguilar.- Lo que Usted ordene, contesta tocándose nerviosamente los dedos índice y pulgar alternativamente. Porque se acuerda que trabajó con el gobernador oaxaqueño priísta, Gabino Cué, que ganó por el PAN, PRD y MC.

AMLO se levanta, camina a la ventana que da la calle Corregidora. Se hace un silencio. Luego exclama.- Mira Hugo, ven conmigo a la ventana.

Hugo se levanta de un golpe, corre rápido y mueve la cabeza como si la controlara un resorte. El presidente y Hugo viendo el edificio sede del entonces máximo Tribunal estilo Art Nouveau.

AMLO.- Mira Hugo, tú que eres del pueblo bueno, originario, honesto, austero, sencillo, que no caes en la robadera, que sabes andar en pollino, ves ese edificio. (Hugo vuelve a mover como resorte su cabeza). Lo empezó a construir Lázaro Cárdenas. ¡Algún día… todo eso será tuyo!

Y Hugo ve una camioneta que pasa en Pino Suárez, y dice.- ¿Y la Cherokee…apá?

AMLO, repite, sin quitar la vista del edificio donde despacha Norma Piña.- Hugo, algún día todo esto será tuyo.

Hugo.- ¿Y la Cherokee…?

Voz en off, mientras cae el telón, dice: Hay cosas que se heredan y otras que se ganan… Mientras la melodía del organillero suena aquello de “Qué lejos estoy del suelo donde he nacido”.

Les heredaron poder, pero no se han ganado autoridad, ni para comprar una Cherokee. Desde entonces no hay justicia imparcial, independiente, gratuita y profesional en México.

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