Mientras en el futbol, España da un pinchazo con Lamine Yamal, y se consagra Voziha, el portero de Cabo Verde, y Portugal no cree ella misma que puede ser campeona, ni con Cristiano Ronaldo. Inglaterra destroza a Luka Modric, y Christian Martinoli golea “desde el baño”, el mundo sigue su marcha. Los bribones trabajan. No sólo la FIFA.

Y hablando de futbol y pícaros; un desvío breve, con Argentina, su historia de campeona del mundo está manchada. Sus enormes jugadores como Mario Alberto Kempes, Osvaldo Ardiles, ganadores del Mundial de 1978, con la ayuda del dictador Rafael Videla y el pillo norteamericano Kissinger, en el juego, contra Perú; clasificó Argentina, y la sospecha no se la sacuden, como la responsabilidad del dictador Videla sobre muertes y desaparecidos. En México 86, Diego Armando Maradona con “una mano”, es decir una falta, derrotó a Inglaterra, ahora la trácala es una broma, “mano de Dios”. Y en el mundial de Catar ganó el torneo con ¡siete! penales tirados por Leo Messi, contra Arabia, Polonia (fallado), Países Bajos, Croacia y Francia (además de dos de desempate). Bueno pues a ese Messi le perdonaron antier la tarjeta roja, después de entrar violentamente contra un jugador de Argelia. “Para no dañar el espectáculo”, justificaron la agresión. Arturo Brizio sí expulsó, sin miramientos, a Zinadine Zidane. ¿La FIFA ya le pavimenta el camino, otra vez, a la Argentina?

Mientras esas trastadas ocurren en los estadios, en el mundo sigue girando el balón. Donald Trump parece que se firmó “una” paz (una más) en Medio Oriente entre Irán y Estados Unidos. Refunfuña Israel. Ratificada en Evian, Francia, con los poderosos países del G7. La cruel amenaza de que “toda una civilización morirá esta noche, para que nunca más pueda volver…” acabó en un armisticio que está a punto de firmarse en Suiza, patrocinado por Pakistán. La civilización persa, herencia de Ciro el Grande, Zoroastro, y las satrapías aqueménidas pueden descansar, incluso los futbolistas iraníes… pero en Tijuana.

Pero al mismo tiempo, parece que firmó la guerra con México. Directamente acusó a la Presidenta de “perder el control, porque los cárteles dirigen” a la nación. Calificó a la presidenta Sheinbaum de “asustada” frente al crimen. ¿Debemos agradecer que Trump no diga, esta vez, que va a desaparecer a la civilización maya, teotihuacana u olmeca? Se le ven ganas de entrar por territorio. No es juego, no es mundial, ni un penal o tarjeta roja.

Estados Unidos (no Trump) son los dueños de la pelota, del estadio, de los árbitros. La Presidenta debe entender que parte de la soberanía mexicana tiene relación con Estados Unidos, y que los gritos nacionalistas, efímeros como los de un gol en el mundial, son inútiles. Son espectáculo fugaz. Portar la camisa verde es nacionalismo futbolístico. Alivia, entusiasma de momento, pero no da de comer, salvo a la FIFA, campeona en atropellar soberanías y arreglar partidos, como algunos de Argentina.

Diputado federal

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios