¡Feliz año! Necesitamos renovar el ánimo, porque el 2026 pinta oscuro, difícil, desafiante, rudo. En el panorama económico, terminar nuestra indefinida relación comercial con Canadá y los Estados Unidos, la industria automotriz del Bajío, la agrícola de Michoacán, la pecuaria de Sinaloa y Sonora, las remesas de los mexicanos, el turismo de nuestras playas, necesitan certeza. En lo social, sin duda, la polarización que genera un gobierno que sólo engorda y le habla (en las mañaneras) a su rebaño es preocupante; pero el reto social más importante es la inseguridad pública, el temor que se siente en las calles y la impunidad frente al delito. En lo cultural, se sigue sembrando la cizaña, entre el México de los pueblos originarios, y los españoles “asesinos” y “saqueadores”, borrando la gestación civilizatoria del México desde 1521 hasta 1821, cuando el michoacano Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, en un abrazo en Acatempan, hicieron nacer a la nación mexicana.

En lo político, el cansancio, por supuesto que la palabra es de Byung-Chul Han, es el principal obstáculo. Son muchos los síntomas de ese agotamiento. Liderazgos políticos, empresariales y religiosos débiles, medios de comunicación aturdidos, gobiernos de oposición al gobierno central atrapados presupuestalmente, organismos de la sociedad civil inexistentes, universidades sin crítica, fragmentación, etcétera. México está consumido, macilento, flaco en su civismo.

Ese cansancio, dice Byung-Chul Han, individualiza, aísla, y citó una definición enorme de Peter Handke, que pinta de cuerpo entero a la sociedad mexicana: “cansancio que desune”: una fatiga “sin remedio, los dos acabábamos ya alejados uno de otro; cada uno en su propia extenuación, que ya era totalmente exclusiva de cada uno; no una extenuación compartida, sino yo aquí en la mía y tú allí en la tuya”. Es sin duda el triunfo del egoísmo. El terreno más fértil para una sociedad parasitaria de su gobierno. El apoyo gubernamental es directo, luego entonces la fortaleza cívica está dopada, atrofiada, adormecida. El cansancio es el mejor aditivo de la servidumbre.

2026 amanece cansado. La libertad de expresión amenazada. En lo cultural, ¿de verdad, censuraron a Javier Garcíadiego de la radio pública y sus programas históricos de historia? ¿En Veracruz acusaron penalmente a un periodista? ¿Qué le espera al árbitro electoral, al sufragio efectivo, al debate político, por el que lucharon Francisco I. Madero, Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, Manuel Clouthier, Carlos Castillo Peraza?

La democracia requiere, para poder vivir, de ciudadanos vigorosos, atentos, exigentes con sus gobiernos. No vive en una sociedad cansada por tolerante, contemplativa, como la que teoriza Handke, casi parecida a una religión soñadora, quimérica, donde las personas comparten su cansancio.

El reto de 2026 es que nuestro cansancio no convierta a nuestra sociedad en una sociedad somnífera, dormilona. Sociedad que se duerme, se la lleva la corriente gubernamental, y Morena ya dio muestras de su insaciable apetito de chupar la vitamina ciudadana. Esa que nos permite asociarnos con quien nos dé la gana, criticar al gobierno de lo que no nos parezca, cambiar de partido político, religión o frecuencia de radiotelevisión, votar con absoluta libertad y, sí, conspirar y derrocar, pacíficamente (condición necesaria), a los malos gobernantes. 2026 no debe cansarnos. Un durmiente cansado no es bueno, en eso hasta el gobierno de México está de acuerdo: pregúntele al ferrocarril interoceánico. ¡Feliz y no cansado 2026!

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