Una tremenda confesión, una dura acusación, palabras que salieron, seguramente, desde lo más profundo del dolor que generaron las acciones de quien —se supone— debía ser un ejemplo, pero se convirtió en un monstruo. Palabras con un alto grado de valentía, que esperan tener respuesta de las autoridades y ayuden a otras jóvenes a no sufrir lo que ellas padecieron.

El señalamiento en esta ocasión tiene nombre y rostro. Y se revela en un tiempo en el que todavía se puede hacer mucho, no cuando han pasado los años y los culpables están lejos. Teresa Alonso y Karen Soto destaparon la cloaca en la natación artística de nuestro país.

Señalaron con detalles, tan fuertes ahora como cuando los vivieron, los maltratos que sufrieron por parte de la entrenadora nacional de esta disciplina, Adriana Loftus, y parte de su cuerpo interdisciplinario (en el que, por cierto, su esposo la hace de psicólogo, sin serlo). Abusos por los que estas dos deportistas prefirieron hacerse a un lado y preocuparse por su salud mental, por su futuro como personas, antes que pensar en la gloria olímpica.

“Estás gorda, tienes las piernas cortas”, son algunas de las terribles frases que este personaje utilizaba en el trato diario con estas deportistas y por las que todavía presentan graves daños psicológicos. “Estoy en tratamiento por depresión. El daño físico que se me provocó por el estrés y el acoso me sometió a un sangrado intestinal y una anemia muy fuerte”, dijo Alonso, en un video con el que explotó el tema.

Hace casi una década, en España se presentó un caso similar, con la exentrenadora nacional Anna Tarrés, acusada por el equipo de nado sincronizado de vejaciones similares a las que ahora han denunciado las mexicanas, en espera de que las autoridades realmente las escuchen y no las manden al archivo de casos sin resolver en el deporte mexicano, ya que se trata de un abuso terrible.

En un país como el nuestro, con lo que desafortunadamente se ha vivido en los últimos años, no puede ni debe pasarse por alto.

Y si no lo atienden las autoridades deportivas, que sean otros encargados de impartir justicia los que tomen el caso. Y que ojalá que, como en España, más deportistas se sumen a estas voces que hoy se han levantado sin miedo a las represalias que pudieran originar.

Hoy, Teresa y Karen no tienen más miedo de señalar lo que vivieron y que seguramente todavía viven otras jovencitas, quienes aún no se llenan de valor para hacer la denuncia.

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