El bien amado Javier Aguirre

Gerardo Velázquez de Léon

Pese a ese gran fracaso en Selección Mexicana, siempre ha estado muy bien posicionado entre el aficionado, y entre el periodismo

Primer descenso en su carrera, doloroso. Javier Aguirre llegó en diciembre al Leganés, equipo de un pequeño barrio de Madrid, desahuciado por la salida de dos de sus principales futbolistas: el marroquí Youssef En-Nesyri, quien se fue al Sevilla, y el juvenil de 19 años de edad —danés— Martin Braithwaite, quien fue contratado por Barcelona. Ambos salieron en la ventana invernal, justo cuando Aguirre fue contratado.

Déficit ofensivo que aceptó, porque —desde la presidencia— prefirieron no seguir invirtiendo.

El Leganés no descendió por el arbitraje de ayer en Butarque, fue por decisiones futbolísticas poco certeras, pero grandes para la economía de Felipe Moreno, dueño de este modesto y muy querido equipo. Subieron a Primera División hace cuatro años, y solamente por estar ahí recibieron poco más de 45 millones de euros por derechos de transmisión, cantidad que fue subiendo año con año. En cuatro temporadas, lograron generar alrededor de 190 millones de euros, por ese concepto. Cantidad que podría parecer exagerada, pero en ese mismo periodo Real Madrid y Barcelona se embolsaron más de 660 millones de euros.

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Pagaron por En-Nesyri cinco millones de dólares, al Málaga, en 2018, misma cantidad por el danés Braithwaite —al Middlesbrough— en 2019. Al primero lo vendieron al Sevilla en 20 millones de euros; al segundo, en 18 al Barcelona. Negocio redondo.

Claro que la llegada de Aguirre le dio una visión distinta en el campo. Sin sus estrellas, el Vasco intentó lo que pudo y se consolidó como un estratega muy bien compenetrado en La Liga. Subió sus bonos, esos que había perdido al ser señalado de amaño de partidos cuando dirigía al Zaragoza. La presencia en Leganés le sirvió para dos cosas: lavar su nombre y volver a posicionarse como un muy buen entrenador, porque con “zanahorias” estuvo a un gol de salvar al equipo. Dirigió 25 partidos; ganó siete, empató nueve y perdió nueve.

En México, se convirtió en tendencia; es el bien querido Vasco. Ya pocos recuerdan la eliminación de la Selección Nacional en el partido más humillante en la historia de la Copa Mundial para nuestro país, aquella tarde en Corea-Japón 2002, cuando fue eliminado por Estados Unidos en octavos de final. Pese a ese gran fracaso, siempre ha estado muy bien posicionado entre el aficionado, y entre el periodismo. En España, ha mostrado ser un muy buen entrenador, de lo mejor que tiene el país; por lo menos, el único que se afianzó en una Liga de la importancia de la española; tal vez, porque ha sido al único que le han hecho caso en ese país. Su asignatura pendiente, y que seguramente no le preocupará, es dirigir en México a un equipo de los “grandes”.
 

 

Ahora, para quienes siguen culpando al VAR por el descenso del Leganés, sería bueno recordar el reglamento. La regla 12 dice, en el punto 1: “Excepto en las infracciones mencionadas (manos de los jugadores), por regla general no se considerará infracción si el balón toca la mano o el brazo, si proviene directamente de la cabeza o el cuerpo (incluido el pie) de otro jugador”.

Unai Bustinza peinó un balón en el área del Madrid, que le llegó a la mano a Jovic. Se aplicó el reglamento que se desconoce.

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