Es agradable que exista una rivalidad como la de Tigres y América, partido que cada vez más se va convirtiendo en un clásico, aunque para los románticos —pero sin sentido de la realidad— no lo consideren de esa forma. Los partidos pasionales, el odio deportivo, no lo generan los medios de comunicación, ni tampoco son clásicos por decreto, pero entre capitalinos y norteños hay algo más.

Dos equipos poderosos económicamente, uno perteneciente a la empresa de medios de comunicación más poderosa de América Latina; el otro, a la cementera más exitosa del país. Si bien, el gran rival de Tigres es y seguirá siendo el Monterrey , como seguirán siendo las Chivas para el América, estos equipos no se pueden ver ni en pintura, viven en un real encono, nada inventado o prefabricado.

En siete años han jugado tres finales (dos de Liga y una de Concacaf), una semifinal y tres veces se han enfrentado en cuartos de final, contando la eliminatoria de este torneo. Tal vez porque al América ya le queda chica la rivalidad y dominio absoluto sobre Chivas , Cruz Azul y Pumas, encuentra en Tigres al modelo de rival idóneo para competir en igualdad de circunstancias. Si es o no clásico, eso lo dirá el tiempo, pero hoy es una cierta y comprobada rivalidad que crece.

Tigres es de los pocos equipos que no son dominados por el América en el Azteca. No tiene récord ganador con relación a los enfrentamientos. De las últimas 55 veces que han jugado (torneos cortos), en la Ciudad de México han sido 27 partidos, de los cuales tienen nueve ganados, nueve empatados y nueve perdidos, y —si analizamos los totales— Tigres tiene superioridad contra América: 19 triunfos para los felinos, 20 igualadas y 16 descalabros. Atípico con relación a los rivales que ha enfrentado históricamente el América.

En esta década, las Águilas han ganado tres títulos, Tigres cinco. No hay equipos con mayor continuidad de proyecto y más éxitos deportivos que estos dos; por eso, se construye el odio y la pasión. No perder es el objetivo y sufrir la eliminación prematura, será denigrante.

El nuevo clásico existe y está más firme que nunca, y —por como se manejan estas dos instituciones— continuará por mucho tiempo. Para el equipo norteño, que lo único que no tiene es un estadio digno, América ya debe representar mucho más que Rayados. Se han salido de la burbuja de la carne asada y han trascendido mucho más que el rival regional. Es necesario para ellos un odio deportivo con otro poderoso. Hoy, la historia del pobre contra el rico no cuenta; hoy, el dinero es el que mueve el futbol y estos dos equipos invierten para ganar.

Empeñarse en no reconocer nuevos escenarios del futbol mexicano es seguir viviendo del recuerdo, del clásico Necaxa vs Atlante o del Oro vs Jalisco. Hoy, Tigres y América son —además de rivales que se odian— los equipos más ganadores y ejemplo de cómo trabajar en sus oficinas.

Sería muy bueno que desde La Cooperativa Cruz Azul o la UNAM se dieran una vuelta, para encontrar lo que ellos ya aplican desde hace una década.

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