No se puede asumir como un hecho aislado la multitudinaria recepción a Guillermo Ochoa en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Debe ser el futbolista mexicano más querido de la actualidad, idolatría que sienten todos los americanistas, pero también los anti, porque en las dos pasadas Copas del Mundo, en Brasil y en Rusia, Ochoa cautivó y emocionó a todos los fanáticos mexicanos a este deporte.

Un aeropuerto no es un estadio, algo deben hacer las autoridades para evitar este tipo de desórdenes, que solamente espantan y ponen en riesgo a pasajeros a los que maldita la cosa les importa el futbol , y que llegan o se van, y se encuentran con cientos de aficionados tapando salidas, entradas, restaurantes, bancos, cafés, etc. Es un momento inolvidable para Ochoa, pero también para los mandos aeroportuarios, que ven sus sistemas de seguridad colapsados y en riesgo.

Y lo que son los contrastes en este deporte. Prácticamente al mismo tiempo en que aterrizaba el vuelo de Aeroméxico procedente de Madrid con el futbolista más querido del América, en Portugal, el modesto equipo ruso Krasnodar eliminaba al Porto en la fase previa de la Champions League; el equipo al que decidió irse Agustín Marchesín de la noche a la mañana, porque su sueño era jugar el mejor torneo continental del planeta. El argentino que nunca avisó a la directiva del América de su salida, hasta que fue inevitable, intentó mostrando lágrimas, mensajes en redes sociales y con sus amigos infiltrados en los medios, aparentar que estaba dolido por su salida, algo que resultó más falso que una moneda de cuatro pesos.

Pero esa abrupta decisión abrió todo para que desde la cúpula de Televisa convencieran a Guillermo Ochoa de regresar a su verdadera casa, al lugar donde es apreciado, querido e idolatrado. La cara de emoción que se le notaba en el aeropuerto lo decía todo; nunca imaginó tal recepción.

Su representante nunca lo pudo colocar en un equipo de élite en Europa , varios fueron los motivos: Desde el día en que involuntariamente dio positivo por clembuterol en un examen sorpresa antes de la Copa Oro 2011 que lo imposibilitó de jugar en el París Saint German h asta la dificultad de permanecer el tiempo mínimo necesario en un solo país para tramitar y que fuera aceptado su pasaporte comunitario.

Sus primeras palabras en el regreso a México lo dicen todo, “Al América no le vas, del América eres”; nada más cierto, le duela a quien le duela.

Armando Navarrete, Hugo González, Moisés Muñoz y Marchesín

fueron los porteros desde que se fue en 2011 hasta su regreso. De Ataulfo a Zelada, de Chávez a Memo , los ídolos de la portería americanista se cuentan con los dedos de una mano. Los que se sienten y no lo son, pobres, que sigan soñando en redes sociales.

@gvlo2008

gerardo.velazquez@eluniversalbgwire.com.mx

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