Vietnam, el mito del estadio Cuscatlán

Gerardo Melín

El equipo mexicano encontrará a un rival que en lo único que puede competir es en las faltas que se marquen

México termina el segundo tramo del trayecto rumbo a Qatar 2022, en El Salvador. Es una visita difícil, sí, como todas las que se hacen a Centroamérica. La Selección Mexicana, a pesar del frustrante nivel de juego que ha exhibido, es favorita para sumar tres puntos más en la eliminatoria. Los hombres de Gerardo Martino deben salir de esa sede con muchas raspadas y golpes, pero con la satisfacción de haber cumplido con el trámite. No se les pide que ofrezcan un recital de futbol; primero, porque no pueden, y después porque en esa clase de canchas es imposible.

El equipo mexicano encontrará a un rival que, en lo único que puede competir, es en las faltas que se marquen a lo largo del juego. Si por El Salvador fuera, firmaban el empate, para llevarse por lo menos un punto que les permita soñar con la repesca. Los jugadores locales le tienen miedo al partido, por el simple hecho de enfrentar a México; esa adrenalina les produce estar en modo de supervivencia, por eso dan su máximo, van al campo como cazadores, de ahí que resulten tan agresivos, pues la fiera los alcanza y no la libran.

Los aficionados locales mantienen las viejas costumbres de llevar “serenata” al hotel del rival para perturbar su sueño, pero no entienden que el lugar de hospedaje está blindado para que no se escuche un solo ruido de la calle. En pleno siglo XXI y todavía con estas cosas, ¡Dios mío! Cantan, gritan, tocan sus tambores, trompetas y terminan por irse tres o cuatro horas después, con la cola entre las patas, porque no hay respuesta de nada ni de nadie, pero ya se enfiestaron.
 

El estadio Cuscatlán, desde hace 20 años, es un mito. El paupérrimo nivel de los salvadoreños empobrece su fortaleza. Se dicen tantas cosas del público que —al inicio del partido— terminan por ser simples espectadores, aficionados dóciles que desean encontrar un lugarcito para acomodarse, pues se caen de borrachos. Abren las puertas del estadio cinco horas antes y desde ese momento comienza la venta de cervezas, aunado a los que logran entrar con su dosis de alcohol a las gradas. En el previo, son unos salvajes, hay una parte del estadio que le llaman “Vietnam” (el de sol general, el más numeroso), porque es muy violenta, no respetan nada, se comportan como cavernícolas, pero —pasado el tiempo, ya exageradamente alcoholizados y drogados— sólo dan pena.

México tiene a la mano, entonces, un triunfo que le acerque más a Qatar 2022.

@elmagazo

 
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