Cada cuatro años, México juega dos Mundiales. El primero se disputa en la cancha. El segundo, mucho más complejo, se juega en la imaginación de un país que siempre sueña con ver a su Selección entre las grandes potencias del planeta. A unos días del debut frente a Sudáfrica, ¿qué tan favorito es realmente México para alcanzar un nivel inimaginable en este verano?

El Vasco Aguirre entiende perfectamente algo que muchas veces se olvida: México no puede competir contra las potencias desde el talento individual, pero sí puede hacerlo desde lo colectivo, la intensidad, el orden táctico y la fortaleza mental.

¿Tienen los jugadores mexicanos el nivel para competir? Sí. ¿Tienen calidad para avanzar rondas? También.

Lo que todavía está por demostrarse es si poseen el temple emocional para resistir la crítica feroz de un entorno que muchas veces exige resultados históricos.

Javier Aguirre no necesita convencer a sus jugadores de cómo defender o atacar, requiere persuadirlos de que pueden jugar de tú a tú contra cualquiera. El verdadero éxito de México en este 2026 es convertirse en una Selección protagonista, dejar de conformarse con competir dignamente.

Lo que de verdad decidirá el destino de la Selección Mexicana es si sus jugadores son capaces de creer que el Mundial en casa les pertenece tanto como a cualquier potencia del planeta. Justo aquí es donde comienza la diferencia entre participar y trascender.

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