Me pone muy mal cada que aparece en un partido el famoso . No lo aguanto, es molesto esperar que los inquisidores decidan la suerte de una jugada. Esta tecnología, que tanto presume y enaltece la FIFA, es —para mí— una cochinada que vino a “darle al traste” al futbol. El videoarbitraje confunde, regularmente genera más dudas, pone de cabeza a los árbitros, los exhibe. El juego se enrarece, porque se detiene mucho tiempo. Le causa conflicto a los que están en la cancha, en la grada, en el micrófono o en su casa. Nos quitó emociones, gritos, sombrerazos, nos arrebató el juego.

El asqueroso VAR se creó para hacerle justicia a este deporte, pero parece que lucha una cruel batalla contra ella. Tendría que ser perfecto. Una máquina implacable que limpiara toda la podredumbre de engaños, farsas, malas intenciones y costumbres de los futbolistas; que fuera el mejor aliado del árbitro, que lo cuidara. No sucede. Maldita la hora en que la FIFA ordenó que viera la luz el VAR. El “Ojo de Halcón”, por ejemplo, es una maravilla. Bien ahí la tecnología para saber si el balón rebasa o no la línea de gol. Íbamos por buen camino, hasta que se apareció esta horrenda cosa.

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Se culpa a los árbitros, porque no lo saben manejar, no entienden el VAR. Todas las jornadas salen descalabrados, porque fueron incompetentes, ya sea por no revisar la jugada en el monitor, por no escuchar a los otros inútiles que ven cuadro por cuadro las supuestas jugadas dudosas o por tomarse un mundo de tiempo para checar qué sucedió. Pobres silbantes, nadie los quiere, y con esto más se les odia. Hagamos un ejercicio: sin el mugroso VAR, los árbitros se equivocaban; con el VAR también. Entonces ¿cuál es la diferencia?, ¿vale la pena mantenerlo?

Ahora, todos criticamos, hasta con furia desmedida, pero ¿generamos acaso alguna idea para implementar una nueva tecnología que supla a este nefasto VAR? La respuesta es no. El árbitro, por supuesto que requiere ayuda, porque lo rebasó el futbol de estos tiempos, que es más rápido. Hay rutas que se pueden seguir: dejar el vomitivo VAR, quitar el videoarbitraje, crear otra herramienta que auxilie al juego, quitar a los árbitros y que el partido se dirija desde una cabina (si hay una bronca, que entren los policías a macanear, ¡Ja, ja, ja, ja, ja!) y, si hay algo que marcar, se dé a conocer por el audio del estadio. ¡Qué sé yo, caray!

El VAR no tiene razón de existir, hace más daño que beneficio. Besos y abrazos para todos.

@elmagazo

 
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