Hay que ser un sinvergüenza para defender lo indefendible. No es posible que se pase por alto una acción flagrante que merecía ser sancionada falta dentro del área y, como tal, penalti. , el gran jefe de los árbitros, un personaje cuestionado por su ineficacia para liderar al gremio, le dio carpetazo a la jugada en la cual Santamaría le revienta la nariz a Dinenno por un evidente codazo. El daño está hecho, no se va a revertir la clasificación del Atlas a la final, pero Brizio tenía la obligación de decir la verdad. El titular de los silbantes tenía que evidenciar la grosera falla de su trabajador para medianamente limpiar el honor de un changarro que se cae a pedazos, pero optó por proteger a Pérez Durán . Una cosa lamentable, que hunde más la credibilidad arbitral.

Brizio

, en su acostumbrado análisis de las jugadas polémicas al final de cada jornada, dijo que “el brazo del jugador de Atlas se encuentra en una posición natural para la disputa del balón en esta acción en concreto, sin que realice ningún movimiento mecánico adicional. El árbitro dejó seguir la jugada, el VAR sugirió la revisión en cancha y el árbitro, tras ver detenidamente las tomas, ratificó su decisión por considerar el choque una acción normal del juego; es una decisión arbitral correcta”.

Es increíble la desfachatez de Brizio. Aquí y en China la jugada es para que se marque penalti. Que no nos venga el presidente de los árbitros con estos cuentos. Un golpe de esta magnitud debió tener consecuencias en el partido, porque se califica la acción y no la intención. Santamaría agredió y no pasó nada. Ni con el llamado del VAR y el monitor de apoyo, Pérez Durán quiso marcar el penalti. Entonces ya hubo dos equivocaciones: la del silbante y la de su jefe. Señor Brizio , no nos quiera ver la cara, ni dar atole con el dedo, en serio. Todos nos dimos cuenta de lo que sucedió, menos usted. Está bien que cuide a su gente, pero esto no se puede pasar por alto. Arrópelos cuando valga la pena y no quede usted exhibido también.

No, don Arturo, usted sabe también que no fue una “decisión correcta”, usted sabe que Pérez Durán se equivocó y lo vamos a constatar cuando seguro no le elija para pitar la final de vuelta. Lo que aconteció da para pensar más allá de “le temblaron las piernas”. Hay tantas conjeturas como para tumbarlo a usted del puesto y Pérez Durán no vuelva a un partido. Por eventos como este, el arbitraje de nuestro futbol es cuestionado, poco creíble y cercano a algo tan sucio como la corrupción.

@elmagazo

 
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