Cuatro salvajes del ring

Gerardo Melín

Es increíble el cariño y reconocimiento a estos sensacionales personajes; fueron generosos en el cuadrilátero, salían del vestuario como si fueran a tener su última lucha.

“Tienes que elegir a uno para hacer pareja en una lucha estelar”. Gran respuesta de la gente a esta interacción que publiqué en mis redes sociales sobre cuatro gigantes de la lucha libre mexicana: Perro Aguayo (qepd), Sangre Chicana, Fishman (qepd) y Villano III (qepd).

La afición a este deporte no los olvida, queda claro que alcanzaron la inmortalidad. Es increíble el cariño y reconocimiento a estos sensacionales personajes. Los cuatro fueron generosos en el cuadrilátero, salían del vestuario como si fueran a tener su última lucha.

Los que presenciamos sus batallas —porque eso eran sus enfrentamientos— salíamos asombrados, boquiabiertos; todo había valido la pena. Eran luchas sanguinarias, de fuerza desmedida, de gladiadores que buscaban sobrevivir a las fieras en un auténtico coliseo romano.

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Los gritos eran interminables en las gradas, una locura de principio fin. Llegaban al ring por cualquier lado, entraban por su propio pie, muchas veces salían en camilla; se odiaban, se golpeaban con saña, se mordían, se estrellaban en los postes y con las sillas de las primeras filas. Nunca se daban por vencidos, aguantaban todo, no huían, no se rendían.

En esas luchas, entendimos lo que era sacar fuerza de lo más recóndito del cuerpo, del alma. Seguían por orgullo, por honor, porque perder no era opción para ellos.

 

Apostaron sus máscaras y cabelleras, tuvieron duelos —en superlibre— memorables. Se quedaba la gente afuera de las arenas. Aguayo y Fishman hicieron pareja mucho tiempo, Chicana se juntaba con El Faraón y eran una auténticas palizas. La tapa del Hombre Pez terminaba destrozada o fuera de su lugar; los otros, bañados en sangre.

Villano III se atrevía a desafiarlos uno a uno. Era un lujo para los otros luchadores estar en un cartel donde aparecían estos cuatro colosos. En lo personal, me tocó vivir la mejor etapa en la historia de nuestra lucha libre. Los tiempos han cambiado.

Hoy, el espectáculo prioriza los lances y vuelos, el entretenimiento es distinto. Ver sangre en el ring ya es un escándalo que difícilmente se tolera, por lo violento que resulta para los espectadores, en especial para los niños.

Mi respeto y admiración total, absoluta e infinita para estos cuatro y muchos otros tremendos luchadores de una generación dorada de este deporte. Besos y abrazos para todos.

@elmagazo

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