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Cuando un Maestro se va…

Gerardo Estrada Rodríguez

Víctor Flores Olea fue para mí un auténtico Maestro que me guió no sólo en las aulas sino que me enseñó a trabajar y fue una referencia constante a lo largo de la vida

Para recordar a Víctor Flores Olea y dar cuenta de su dimensión humana, intelectual y política  quiero acudir a uno de los hechos de los que fui testigo y partícipe a su lado. Cuando era director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales recibí de él una de las lecciones de valor político e intelectual más importantes de mi vida. Una tarde, un grupo de estudiantes radicales de izquierda inició una bárbara acción cuando en el patio de la Facultad encendieron una hoguera con los textos de la sociología norteamericana y otros que no se avenían a su concepción ideológica. Cuando el funcionario de la administración lo notificó al maestro Flores Olea, que se encontraba en su despacho, éste salió disparado hacia el sitio donde estaban los estudiantes y comenzó a increparles al tiempo que ordenaba al personal de vigilancia que extinguiera la hoguera.

 Luego nos dio a todos una inolvidable lección comparando su acción con lo que habían hecho las juventudes de Hitler cuando encendieron una hoguera con los libros que consideraban decadentes frente a la Biblioteca de la Universidad en Berlín.
 
Cuando ingresé en la entonces Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales en 1964, había cuatro maestros con los que muchos estudiantes de la escuela en  aquel entonces anhelaban inscribirse y que configuraban, por así decirlo, el estrellato de la misma: Pablo González Casanova, entonces director; Enrique González Pedrero, Francisco López Cámara y Víctor Flores Olea. Tuve la fortuna de haber sido alumno de los cuatro y dos de ellos fueron determinantes en mi vida, González Pedrero, quien me invitó a concursar por una plaza de profesor de tiempo completo y Flores Olea, con quien trabajé a lo largo de muchos años, primero como becario del Centro de Estudios Latinoamericanos, luego como secretario de Asuntos Escolares de la Escuela cuando él fue director y más tarde en diversas funciones en su calidad de promotor cultural.

Pero independientemente de la relación laboral, Víctor Flores Olea fue para mí un auténtico Maestro que me guió  no sólo por los laberintos de la ciencia política sino que me enseñó a trabajar y a ser servidor público.

Su indiscutible calidad humana, su celo y rigor intelectual, su honestidad como funcionario y su coherencia con sus principios básicos fueron ejemplo y norma de conducta para mí.
Víctor Flores Olea no fue un funcionario más sino un creador de instituciones, renovador e impulsor de iniciativas fundamentales. En Ciencias Políticas, junto con sus antecesores González Casanova y González Pedrero, actualizó y modernizó la enseñanza de las ciencias sociales. Como buenos discípulos de lo más brillante del exilio español, particularmente de Manuel Pedrozo, trajeron a México una nueva perspectiva de las disciplinas que ahí se imparten, dándole, entre otras cosas, continuidad a los famosos cursos de verano y de invierno que traían a México lo más granado del pensamiento universal.

En esta misma línea le tocó  en su periodo recibir a los exiliados sudamericanos que llegaron a nuestro país y que también dieron pie a una actualización de la ya entonces Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

A Flores Olea lo precedía una brillante labor de investigación y de reflexión, sobre todo, en la vertiente del Marxismo en la perspectiva de ese entonces, que políticamente se denominó el Eurocomunismo y más literariamente versión Praga: “El socialismo con rostro humano”, que resumió en una serie de ensayos publicados bajo el título “El Marxismo es un Humanismo”. Publicó también múltiples ensayos sobre política nacional e internacional en libros y revistas.

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Más tarde, como  diplomático  en la Unión Soviética, afrontó momentos difíciles en plena Guerra Fría, y a su regreso a México, como subsecretario en la Secretaría de Relaciones Exteriores,  hizo una defensa firme del multilateralismo y tuvo una participación importante en el grupo  Contadora.

En ese tiempo comenzó a desarrollar su labor como artista, a través de la fotografía, a la que se dedicó con la misma pasión y rigor que a sus otras tareas.

Más tarde le tocó encabezar el que sin duda ha sido hasta hoy el esfuerzo más grande por modernizar las instituciones culturales de nuestro país: la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en donde, entre otras cosas, fue personalmente determinante en la creación del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), que arrancaba de las manos  de los funcionarios las decisiones sobre los fondos que el Estado mexicano dedicaba a la promoción y creación artística y cultural. También en su época se dieron los primeros pasos para la creación del Canal 22.

En todos estos años siempre estuve cerca de él y, si bien, como en cualquier relación hubo momentos de distanciamiento, lo cierto es que nunca varié mi admiración, mi respeto y mi lealtad por él.
 

 Maestro de la FCPyS de la UNAM

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