Ensanchamos los ojos, abrimos la boca y levantamos las cejas. La expresión facial de asombro en el mundo entero conjuga esos elementos, sobrevienen cuando se experimenta aquello que no se puede medir, pesar o incluso poner en palabras. El efecto que tiene en el cuerpo y la mente es muy poderoso, tanto para bien, cuando es consecuencia de, por ejemplo, la belleza de una puesta de sol; como para mal, cuando enfrentamos la tragedia de un huracán.

Aunque la ciencia del asombro es joven, se han encontrado efectos fascinantes para comprender las maneras en que el asombro cambia el cuerpo y el cerebro de formas increíbles, de acuerdo con el psicólogo J onah Paquette , autor del libro Awestruck. Él mismo afirma que la mente del promedio de las personas divaga alrededor de la mitad del día, lo que limita la posibilidad de asombro –y que entre más divaga, más infeliz tiende a ser.

El asombro es una emoción vivida por algunas personas como una experiencia extracorporal ante lo vasto y trascendente, nos hace sentir pequeños y conectados con algo mayor que vuelca nuestra atención hacia fuera. Incluso, estudios afirman que la historia de la humanidad no hubiera sido posible sin el asombro. Ayudó a nuestros ancestros a ser menos egoístas, más humildes y a estar más enfocados en las necesidades comunitarias o de grupo, para favorecer la sobrevivencia propia y la de todos.

Uno de los investigadores, el psicólogo Craig Anderson buscaba examinar el impacto que tiene el asombro en los niveles de estrés tanto de jóvenes citadinos que cursaban la preparatoria como en veteranos de guerra. Se llevaron a los dos grupos a una excursión a la naturaleza a un sitio bello e inspirador. Se trató de un viaje de rafting (descenso en balsa) de aguas blancas en California.

Los investigadores midieron los niveles de estrés y el Síndrome Post Traumático de los participantes antes y después de la experiencia. Aunque los instantes de asombro fueron los mismos y la experiencia duró sólo un día, los niveles de estrés y el síndrome post traumático se redujeron de manera significativa. Lo más sorprendente es que dichos niveles se mantuvieron estables por varias semanas, durante las cuales los sujetos sintieron una mejoría en el bienestar, las relaciones y su visión de la vida. En resumen: a mayor asombro, menos estrés y mayor bienestar.

¿Cómo cultivar el asombro?

Permanece. Cuando el asombro te asalte, quédate un poquito más en él. Esos segundos extra pueden ser la diferencia entre que la experiencia se tatúe en la memoria y afecte el estado del ser de una manera significativa.

Baja el ritmo de tu vida

. La prisa es el enemigo número uno del asombro.

Aprecia tus sentidos

. Conecta con actividades que realcen los sabores, los aromas, las sensaciones, los sonidos y las vistas que tienes. Como decía el poeta William Butler Yeats: “El mundo está lleno de cosas mágicas, a la espera paciente de que nuestros sentidos se fortalezcan”.

Valora la coincidencia

. En instantes como aquellos en los que te toca ver, por decir algo, un arcoíris, gracias a la luz, la lluvia y el ángulo en que te encuentras, y que quizás un segundo después hubieras perdido.

Sal de tu mente y suelta el celular.

La mitad del tiempo estamos fuera del tiempo presente.

Nota los detalles.

Encuentra lo extraordinario en lo ordinario que solemos pasar por alto.

Acude a la naturaleza.

Tres cuartas partes de las personas responden haber experimentado el asombro en un entorno natural.

Practica la gratitud.

Te sorprenderás de lo que produce en tu vida.

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