Aún en 2020, el acceso a atención médica en sistemas de salud de calidad aún no está al alcance de todas las personas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que por lo menos la mitad de la población mundial no cuenta con cobertura de los servicios de salud más esenciales. Además, hay que agregar que las desigualdades en términos de salud pública están estrechamente ligadas a la desigualdad económica, dado que una puede llevar a la otra. Esto queda demostrado por reportes de la OMS: alrededor de 100 millones de personas en el mundo caen en la pobreza extrema por el simple hecho de tener que pagar por atención médica. Evidentemente, los problemas de esta naturaleza se agudizan considerablemente bajo circunstancias como la pandemia del Covid-19.

La adversidad de la enfermedad es ya por sí misma difícil de sobrellevar, pero las carencias y deficiencias en los sistemas de salud implican un sufrimiento innecesario. La medicina ha progresado a pasos agigantados en las últimas décadas: es cuestión de voluntad política poner esos avances al alcance de todas las personas y no solamente de unas pocas.

Afortunadamente, hay iniciativas que proponen soluciones. En 2016, la entonces Directora General de la OMS, la Dra. Margaret Chan, anunció la alianza internacional por la Cobertura Sanitaria Universal 2030 (CSU2030, o UHC2030 por sus siglas en inglés). CSU2030 busca priorizar la inversión en la salud pública y construir sistemas de salud más incluyentes y resilientes para garantizar el acceso a la atención médica primaria. Además, CSU2030 tiene una relación estrecha con la Agenda 2030, no solamente por el Objetivo de Desarrollo Sostenible #3 (Salud y bienestar), pero también por la incidencia de la salud pública en otros ámbitos de la vida de las personas, especialmente el económico.

El movimiento ciertamente es reciente, pero aun así está tomando fuerza en tanto que la salud pública se coloca al frente de la agenda global —una tendencia que ya existía antes de la pandemia actual por la urgencia de este tema. Como ejemplo podría citarse que, tan solo el año pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicó una reunión de alto nivel a la cobertura sanitaria universal. Esta reunión culminó con una declaración política en la que los Estados Miembros se comprometieron con los objetivos de CSU2030.

Ahora, los sistemas de salud pública son la responsabilidad principal de los gobiernos nacionales. Pero los esfuerzos de CSU2030 no son ajenos a esta realidad, y precisamente se reconoce que hay que trabajar con actores relevantes a nivel nacional. CSU2030 cuenta con alianzas en el ámbito multilateral, pero además de ello busca construir relaciones constructivas en cada país con organizaciones de la sociedad civil, la comunidad académica, el sector privado, y con parlamentarios. Una iniciativa de este alcance no puede prescindir de las necesidades y circunstancias específicas a cada país, por lo cual se toma en cuenta la retroalimentación que ofrecen estos actores.

No debería ser habitual que las personas tengan que sacrificarlo todo solo con tal de que un ser querido pueda recibir atención médica. Perder el bienestar patrimonial y emocional no debería ser una condición para tener acceso a un sistema de salud de calidad. CSU2030 tiene objetivos ambiciosos, pero necesarios para garantizar que toda persona pueda llevar una vida plena, libre de cualquier rezago por la falta de atención médica.

Para saber más sobre esta iniciativa mundial, pueden consultar el Pacto mundial para avanzar en el logro de la cobertura sanitaria universal o visitar uhc2030.org.

Diputada federal y presidenta de la UIP

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