1. El chavismo rompió con el derecho internacional al violar masivamente los derechos humanos y al violar y romper con la Carta Democrática Interamericana. La extracción de Maduro y Cilia Flores por Estados Unidos se efectuó también en contra de las reglas internacionales. Los que se rasgan las vestiduras por el último hecho, prefirieron o justificaron los dos primeros en nombre de una fantasía política estéril: el socialismo del siglo XXI, que ha conducido a la concentración masiva del poder en autocracias despiadadas y fracasadas en el propósito de crear un modo de vida supuestamente alternativo que es inviable. La prueba de la imposibilidad de este delirio está plasmada en la historia del leninismo y sus imitadores en todo el mundo que, aunque parezca increíble, siguen tratando de prolongar su rigor mortis. En esto no están solos: las fuerzas de la extrema derecha abogan por sus propios dominios despóticos.

2. El derecho internacional no ha sido siempre respetado. Por el contrario, se ha violado cuando predominan intereses contrarios a las normas acordadas. Las leyes internacionales de los derechos humanos han sido sistemáticamente violadas por el chavismo-madurismo y otros regímenes; casi ningún Estado se salva. Las grandes potencias de hoy violan sin miramientos el derecho internacional porque los viejos equilibrios de contención desaparecieron junto con el bloque soviético. Si bien entonces siguió un interregno unipolar, en ese remanso (1990-2014) no se actualizó el sistema internacional conforme a las nuevas condiciones en una escala equiparable a los acuerdos de posguerra. Con la excepción de la Carta Democrática, América Latina tampoco se ocupó de fortalecer en su espacio geopolítico los instrumentos de cumplimiento de los derechos humanos ya reconocidos a medias en algunas constituciones, compromiso incumplido a pesar de la hipócrita firma masiva de los tratados internacionales. Por el contrario, de manera sobresaliente varios gobiernos que llegaron al poder mediante elecciones se dedicaron a desconocerlos y a conculcarlos. Golpes de Estado como en Haití, Honduras, Perú y Bolivia; violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos, como en Nicaragua, Cuba, Colombia, México, Brasil y Venezuela; desconocimiento de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como en Venezuela, Chile o República Dominicana. Las potencias nucleares han hecho lo propio y violan flagrantemente el derecho internacional: en Irak, Afganistán, Irán, Ucrania, Chechenia, Georgia, Siria, Líbano, Gaza, Mar de China, frontera con la India… Reclaman su vigencia cuando conviene y, cuando no, lo transgreden.

3. La hipocresía normativa, el declive del multilateralismo (global y regional), la crisis de orden liberal internacional, la deslegitimación del derecho internacional no han sido oficio exclusivo de las potencias. En nuestros mediocres Estados latinoamericanos se practican ampliamente. La gran ausente ha sido la imprescindible centralidad de la democracia como base del comportamiento de gobiernos, regímenes y Estados. Muy pocas excepciones virtuosas hemos visto, salvo quizás Uruguay.

4. Después de la operación “determinación absoluta” no puede preverse ningún escenario promisorio. Se propone una transición de noventa días a seis meses, período en el que se mantendrá en el control interno a un núcleo del chavismo-madurismo. Esto podría asegurar la continuidad del dominio autoritario sin perspectiva de retorno a la democracia o bien. Con esta fuerza en control, aun bajo la tutela estadounidense, la reacción de rechazo a esta intervención podría llevar a un escenario de polarización regional aún mayor a la que se ha visto. Un incendio en la pradera que mucho favorecería a las mismas fuerzas que han rechazado la democracia y los derechos humanos dentro y fuera del ejercicio del poder.

5. La redefinición global de las áreas de influencia de las potencias va acompañada de acciones militares regionales (Ucrania, Venezuela, ¿Taiwán?) y América Latina no tiene política alguna frente a ello, sino que vive uno de los peores momentos de desorganización regional. Dilapidó el bono democrático de la misma forma que dilapidó la bonanza de principios de este siglo. Ahora vemos también las consecuencias de haber dilapidado la oportunidad de fortalecer su sistema regional con principios democráticos y mejorar su inserción internacional.

Investigador del IIS-UNAM. @pacovaldesu

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios