Los últimos vástagos del siglo XX

Francisco Valdés Ugalde

AMLO y la 4T no son el inicio de una regeneración nacional sino el último eslabón de la degradación del sistema mexicano del siglo XX

AMLO y la 4T no son el inicio de una regeneración nacional sino el último eslabón de la degradación del sistema mexicano del Siglo XX, cuya disolución ha sido heredada a las generaciones del XXI. La autodenominada 4T será reconocida en el futuro como el brote restaurador de un México minoritario que, a diferencia del resto, se resistió a insertarse activa y creativamente en una globalización destinada a cambiar en manos de los grupos más avanzados de la ciudadanía postnacional, y se negó a imprimir su huella —que decían igualitaria y justiciera— en la naciente democracia mexicana. En vez de ser una izquierda de avanzada, democrática y liberal, post estalinista, que ha ajustado cuentas con su pasado autoritario y dogmático optó por resucitar esperpentos que ya habían sido enviados al repertorio de una pedagogía de lo monstruoso: la autarquía nacionalista, el anticapitalismo pseudocientífico y el espíritu del estalinismo, para edificar en la conciencia colectiva temibles gigantes donde el sentido común observa molinos de viento.

Las motivaciones y finalidades de la 4T constituyen un regreso al mito nacionalista nacido de un tiempo cuyas condiciones de posibilidad ya no existen: la nación autosuficiente y soberana en la que el Estado otorga graciosas concesiones a sus habitantes que le obedecen y castigos ejemplares a sus enemigos solo existió en las fantasías y la retórica. Por eso la realidad se encargó de disolverla en el aire.

Cuando se forjó el mito, la economía mundial estaba organizada de tal forma que permitía intercambios selectivos en el mercado mundial y reservaba áreas de las economías a los actores nacionales. Esta plataforma sirvió para la recuperación de la crisis de los años 30 y de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ese modelo se agotó y fue sustituido por otro de libre mercado que incentivó una nueva etapa de globalización. Algunos países modularon las políticas neoliberales, especialmente los países más fuertes. Por ejemplo, el Reino Unido no desmanteló el sistema de salud, ni los países del norte europeo o Japón se deshicieron de sus sistemas de protección social. Por ello, aunque en algunos creció la desigualdad económica —como es el caso de Estados Unidos—otros no se tragaron la píldora ideológica y mantuvieron estados robustos y redistributivos. América Latina es el ejemplo por excelencia de la voracidad depredadora de sus élites económicas y políticas desde su fundación y en ella se aplicó la receta con fe de carbonero. Los problemas sociales arrastrados desde antes y acrecentados por esta política se agudizaron y actualmente son el fermento del que medra el populismo, que se comparte el ADN de los fundamentalismos.

La narrativa que AMLO ofrece del pasado está invertida: la época que descalifica por “neoliberal” es la época en que también se introduce en México una modernización y una apertura en todos los terrenos de la vida nacional. Pero este avance se vio cercado por la sobrevivencia y agudización de la desigualdad, la corrupción y la impunidad, cuyo origen es la repetición de la historia: élites económicas y políticas voraces y depredadoras que repelen un reparto equitativo del pastel que emerja de la lucha democrática. Prefieren siempre a un caudillo que mantenga a raya al pueblo y lo entretenga con minucias. A esa élite se suman hoy en día las huestes dirigentes de la 4T, aunque se empeñen en negarlo. Lo demuestra el hecho de que su finalidad es hacer que el país retroceda a un sistema primitivo centrado en el control del poder por un pequeño grupo y su dirigente principal. En todos los terrenos: pandemia, educación, salud, empleo, inversión, energía, ciencia y tecnología, administración pública, seguridad, transparencia, justicia y democracia el país es empujado hacia esa regresión por los últimos vástagos de un siglo que ya pasó.

 

Académico de la UNAM.
@pacovaldesu
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