El Grupo Nuevo Curso de Desarrollo, auspiciado por la UNAM, integrado por 23 personas de diferentes instituciones académicas y diversas experiencias profesionales en el sector público, plural e interdisciplinario, presentó el 11 de agosto un documento que expone un Programa de Rescate, Recuperación y Reconstrucción, para avanzar hacia un Acuerdo Nacional. Este artículo se basa en la ponencia que presenté ese día, con el objetivo de resumir de manera puntual las propuestas concretas de política, saliendo de la crítica estéril y el exceso del diagnóstico.

La pandemia dista mucho de concluir, así como sus efectos inmediatos y tendrá consecuencias duraderas imprevistas. El mundo no volverá a ser igual. La economía mundial y nacional han iniciado un proceso de recuperación desde el segundo trimestre del año. Ello significa nuevas estimaciones para México de un crecimiento favorable para 2021 de 6%. Pero, no hay lugar para la vanagloria. Con los programas compensatorios del Gobierno entre los más débiles del mundo, la recuperación resulta fundamentalmente de 2 factores: el fuerte impulso de la economía americana, que se traducen en exportaciones y remesas record y, un “efecto rebote” matemático.

Se están produciendo nuevos paradigmas y cambios fundamentales en las estrategias económicas, como ocurrieron en los 30’s. En los Estados Unidos los programas de mega estímulo fiscal y las nuevas políticas de bienestar social de Biden; en Asia, los Estados desarrolladores con políticas transformadoras de innovación tecnológica, integrando socialismo y mercado, como en China y Vietnam. Significa la “defunción” del neoliberalismo. ¡Buena inspiración para nosotros!

Las propuestas:

Se tiene que necesariamente actuar en 3 pistas: 1º acciones urgentes de rescate en materia social, de empleo y de salud; 2º en el corto plazo un programa de recuperación económica, sustentado en la inversión y, 3º una nueva estrategia de políticas de mediano y largo plazo para el desarrollo.

Como propuestas de acciones urgentes: canalizar recursos presupuestales adicionales para salud, duplicarlos, y no subejercicios de gasto. ¡Ampliar la cobertura de servicios que se ha caído dramáticamente! Atender el serio desabasto de medicinas.

El tema fundamental ante la peligrosísima tercera ola del covid, según las experiencias internacionales, es acelerar la disponibilidad y distribución de vacunas e introducir medidas de control eficaces. Sin ello, la recuperación económica se retrasará y puede haber recaída.

Tenemos un sistema de salud fragmentado, que no es sistema. Se requiere planear, avanzar progresivamente hacia un sistema de salud de calidad, con cobertura universal, a partir de las instituciones existentes.

Enfrentar la emergencia social requiere la introducción de un ingreso básico, focalizado a los más pobres. Han aumentado todos los indicadores de pobreza en millones de ciudadanos. Los dispersos programas de transferencias monetarias directas han sido insuficientes y regresivos.

Compensar los grandes rezagos, provocados en la educación, requerirá poner en marcha programas especiales de gran aliento, con mayores recursos. Se requerirá revisar toda la política social y de salud pública en un sentido amplio.

Programas innovadores, estructurados de apoyo y rescate a PYMEs en los sectores y regiones más dañadas, con créditos blandos y estímulos fiscales amplios a unidades productivas viables, condicionados a proteger el empleo.

La segunda línea de acción, superada la emergencia de salud, debe ser un programa de recuperación económica que haga sostenible un crecimiento mínimo de 5% en los próximos años, y no mero “rebote”, sustentado en un gran Programa Nacional de Inversiones e Infraestructura, pública y privada. Para ello, la inversion debe elevarse a niveles mínimos de 25% del PIB, o seguiremos en el estancamiento. El sector privado ha elaborado listas de proyectos de infraestructura. Su ejecución requerirá un entorno básico de certidumbre y confianza.

Para financiar una mayor inversión pública, hay necesidad y margen para un mayor uso de la deuda externa (entre los más bajos coeficientes de la OCDE), como hasta los organismos internacionales preconizan y apoyan.

10º

La tercera línea de acción, es recuperar la visión de largo plazo con políticas para la transformación estructural y el desarrollo. Se requiere un Estado desarrollador, activo y promotor, no mínimo y pasivo, que impulse las políticas de fomento productivo y de innovación tecnológica, hacia sectores prioritarios, articulados por una política industrial moderna, de la cual hemos carecido. Reforzar las cadenas productivas domésticas con mayor contenido local.

11º

La política industrial, para no ser mera retórica, debe ser sustentada en una política de financiamiento, que involucre una reforma de la banca de desarrollo, con más recursos para conformar políticas sectoriales y regionales, generar proyectos y una mayor vinculación de la banca privada a los fines del desarrollo nacional.

12º

El T-MEC debe, mediante acuerdos complementarios (no cambiándolo), transformarse de ser un Tratado sólo de “libre comercio”, a ampliar sus instrumentos (tecnología, educación, financiamiento regiones rezagadas), para fortalecer activamente la competitividad de la región, como lo hace la Unión Europea. La expansión inusitada de Estados Unidos da la oportunidad para un acuerdo regional de empleo, sustentado en carencias.

13º

Debe alinear la recuperación con la sustentabilidad ambiental: nuevas políticas energéticas hacia energías renovables, limpias, induciendo cambios de estructura industrial, hacia nuevas líneas de producción, como el transporte eléctrico, la “Agenda Verde” como un nuevo motor de desarrollo.

14º

Se requiere un desarrollo progresivo de un nuevo Sistema de Bienestar Social incluyente, cuyos principales componentes deben ser: a) un Sistema de Salud Universal de calidad, financiado con impuestos generales; b) un Ingreso Básico Garantizado a los más necesitados, consolidando programas actuales de transferencia monetarios, dispersos, regresivos, clientelares; c) Seguro de Desempleo, financiado por contribuciones tripartitas y, d) Reforma al Sistema de Pensiones mixto, que urge, social y fiscalmente.

15º

Todo lo anterior depende de un gran Acuerdo Nacional para una Reforma Hacendaria Federal y de la Coordinación Fiscal. La “madre” de las reformas. El Estado Mexicano ha padecido de una situación endémica de carencia de recursos tributarios, totalmente insuficientes, para realizar las transformaciones anunciadas. Estas reformas deben generar recursos adicionales del orden de 5% del PIB.

Como principales elementos: el Acuerdo Fiscal Nacional requiere la participación de los diferentes niveles de gobierno y, los diferentes actores económicos y sociales. El Congreso tiene un papel fundamental que jugar. Debe definirse en forma transparente para qué se requiere el dinero y en qué se gastará, no en proyectos absurdos. Los incrementos fiscales, basados en una muy eficaz y loable fiscalización del SAT y en la extrema y dañina “austerocracia” del gasto, ya está alcanzando sus límites.

Se necesita actuar sobre la mayor parte de los impuestos en forma balanceada: el más importante es el ISR-personas físicas, el que más recauda y que mejor redistribuye. Abarcar otros impuestos, incluyendo el IVA; impuestos locales, como el predial. Los Estados deben hacer su propio esfuerzo de recaudación tributria y no depender sólo de las participaciones. Es un tema complejo, negociación delicada, en que debe cuidarse que no afecte la recuperación incipiente. La reciente declaración del nuevo Secretario de Hacienda, Ramírez de la O, al excluir nuevos impuestos o aumentos de tasas y sólo realizar simplificaciones, ¿parece eliminar la idea de una reforma fiscal de fondo? Esto puede “condenar” la recuperación a un bajo crecimiento, dependiente del impulso de la economía americana, con sólo mejoría modesta en los “ingresos” y “reacomodos marginales de gasto”, sin poder apoyar grandes transformaciones.

16º

Finalmente, se debe actuar en crear las condiciones necesarias, que pueden permitir estas acciones transformativas: a) Involucrar a toda la sociedad en un diálogo incluyente, que facilite el Acuerdo Social necesario, generando confianza. b) Lograr la seguridad pública y la paz social. c) Fortalecer al Estado y sus instituciones, reconfigurándose una administración pública honesta, profesional y competente. d) Poner en práctica una nueva visión con respecto al trabajo. e) Extender los objetivos anteriores a apoyar una política internacional para el desarrollo.

Es un “Programa” ambicioso. Puede a algunos parecer “utópico”, alejado de las visiones del gobierno. Con frecuencia nos preguntan ¿les harán caso? Nos parece que es lo necesario para México, acorde con los tiempos. ¡Este Programa pretende aprovechar estos retos, para crear oportunidades y acordar verdaderas transformaciones que no se harían en tiempos normales! ¡Ojalá merezcan tu apoyo!

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