De las 8 organizaciones delictivas que el año pasado el gobierno de los Estados Unidos incluyó en la lista de terroristas, 6 son mexicanas.
El argumento central para ello, era que su actividad tenía como consecuencia la muerte de decenas de miles de sus connacionales.
Si dicha decisión hubiese sido implementada en los años 80 y 90 del siglo pasado, probablemente ningún grupo delictivo de nuestro país hubiera llegado a tal lista.
Entonces ¿a qué se debe que la delincuencia organizada de nuestro país creciera tanto en tan poco tiempo como para volverse la criminalidad internacional preponderante? A factores nacionales como internacionales.
La debilidad institucional en nuestro país y la vecindad con el mayor mercado de consumidores de drogas, aunados a decisiones de política internacional -ejecutadas en otras naciones- tuvieron como resultado generar espacios de oportunidad para dichos criminales.
Acciones como el Plan Colombia o la intervención estadounidense en la ruta del Caribe, incluso hechos como el 11 de septiembre (de 2001) influyeron en el debilitamiento de ciertas organizaciones delictivas y en el fortalecimiento de otras.
Por ello, podemos afirmar que los actuales sistemas de comunicación, de comercio y movilidad, facilitan que en breve, un hecho ocurrido a distancia, impacte en nuestra sociedad.
Actualmente el escenario internacional se encuentra convulsionado por conflictos que deberían llevarnos a preguntar cómo nos podrían afectar a los mexicanos.
Más específicamente, dado que México es un país productor y exportador de drogas, con elevados índices delictivos y de violencia ¿qué podría suceder en nuestro país en materia de criminalidad ante un escenario mundial donde países consumidores y productores de drogas se encuentran en conflicto?
Hagamos un breve recuento. En pocas semanas el gobierno de los Estados Unidos llevó a cabo la detención de Maduro, el endurecimiento de sanciones en contra de la dictadura cubana y el ataque en contra de Irán.
Acciones que involucran naciones y rutas de trasiego y distribución de drogas, armas y otros productos ilícitos.
Además, así como el mismo Trump afirmó en su discurso frente al Congreso estadounidense, operó la captura del Mencho en nuestro país, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el narcotraficante más buscado del mundo.
Paralelamente dos naciones del Medio Oriente se declararon la guerra, Afganistán y Pakistán; la primera mantiene una importante producción de opioides que sirve para financiar a grupos disidentes del mundo, la segunda es potencia militar.
Dicha combinación es relevante si tomamos en cuenta que por años el gobierno de los Estados Unidos había señalado al gobierno venezolano de ser cómplice de los cárteles dedicados a exportar drogas -uno de los cuales también se incluyó como grupo terrorista-.
Desde septiembre del año pasado el gobierno del presidente Trump persiguió y abatió varias embarcaciones que supuestamente navegaban por el Caribe, rumbo a México y luego a los Estados Unidos.
Ello para debilitar el narcotráfico y al gobierno del país suramericano.
La captura del dictador Maduro y el establecimiento de un gobierno mucho más dócil a los intereses estadounidenses en Venezuela, generan un vacío en el mercado internacional de las drogas, un vacío que alguien seguramente querrá ocupar.
De manera similar, los conflictos internacionales en Medio Oriente, por un lado dificultan la libre y legal circulación de personas y bienes, como el contrabando de productos ilícitos.
Tras el ataque coordinado entre Estados Unidos e Israel en contra de Irak, la nación musulmana respondió atacando las bases de la primera potencia económica mundial en sus países vecinos.
Ello ocasionó el cierre de varios aeropuertos internacionales en por lo menos 9 países de la región, así como el cierre del estrecho de Ormuz, una de las principales vías de distribución marítima de hidrocarburo.
Tal y como dice el dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores” ¿quién abastecerá esas rutas y consumidores de sustancias ilícitas?
Lo más seguro es que sea alguna organización delictiva que cuente con la mayor cantidad de recursos, con sistemas probados de distribución internacional y que tenga en su nómina a autoridades de diferentes partes del mundo. En pocas palabras, una organización global.
En dicho contexto, los grupos criminales mexicanos se encuentran favorecidos por su preponderancia internacional y su capacidad logística.
¿Qué grupos podrían aprovechar la actual situación? Todos los incluidos en la lista del gobierno estadounidense como terroristas o incluso alguna organización criminal nueva que pueda surgir a partir de la reconfiguración de los cárteles mexicanos que hoy se encuentran en crisis.
Recordemos que el Cártel de Sinaloa actualmente vive una guerra intestina por el control de la organización, donde las facciones ligadas al Chapo luchan contra las del Mayo y que el CJNG enfrenta la sucesión del poder tras el abatimiento del Mencho.
Así como lo escribí hace una semana, tales situaciones rara vez se resuelven con facilidad, los momentos son oportunidades para que alguien desee controlar un territorio, un mercado o una organización criminal y desate un conflicto de sangre.
Es por ello que nuestras autoridades deberían contar con un mapa de riesgos y un plan de acciones preventivas que inhiban hechos violentos y/o el reforzamiento del poder criminal.
Dado que las decisiones tomadas a finales e inicios del siglo pasado favorecieron el aumento de la violencia en nuestro país, debemos ser conscientes decque este es un momento donde nuevos liderazgos criminales puedan llevar a nuevas olas de violencia que no queremos vivir.
Hoy más que nunca se requiere observar lo global y centrarse en lo local para que la geopolítica no sea un motor que exacerbe los delitos y la violencia en México.

