Según la candidata a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, la morenista Clara Brugada, ni el presidente López ni la candidata presidencial Sheinbaum tienen razón: la extorsión sí es un grave problema para los capitalinos.

En reunión con integrantes de Coparmex, Brugada prometió que, de ganar las elecciones, impulsará “una gran estrategia contra la extorsión, robo a negocio y robo a transeúnte", una estrategia en la que colaboren las fiscalías local y federal, la Guardia Nacional e incluso la Sedena, para “detener a los criminales que hoy amenazan y extorsionan a la ciudad”.

Tal declaración podría entenderse como una promesa relevante de una candidata en contienda que busca atender las necesidades de los habitantes de la entidad que busca gobernar.

Sin embargo, tal propuesta esconde un reconocimiento acerca del nivel de riesgo que viven los ciudadanos y empresarios en la Ciudad de México y contradice las afirmaciones del presidente de la República y de la ex jefa de Gobierno, de que los delitos en esta ciudad van a la baja, que en la capital no hay problemas relacionados con la delincuencia organizada, que las reuniones de coordinación diarias funcionan y que hay una eficiente articulación entre federación y el gobierno local.

Si la extorsión, el robo a negocio y el robo a transeúnte estuviesen contenidos y no fuesen un problema relevante, Brugada no hubiese necesitado prometer acciones específicas para combatir dichos delitos. Si la cooperación y articulación entre autoridades fuese tan efectiva ¿para qué ofrecerlas como un aspecto nuevo de política pública?

Es decir, o Brugada desconoce qué ocurre en materia de seguridad y justicia en la entidad que quiere gobernar o el presidente y la hoy candidata presidencial, ex gobernante de la Ciudad de México, mienten acerca de los resultados y funcionamiento de la estrategia de seguridad y justicia.

En los últimos cinco años y medio la narrativa oficial ha insistido en que las reuniones cotidianas de seguridad detonan un trabajo efectivo entre autoridades y ello ha logrado disminuir los delitos.

Sin embargo, la promesa que Brugada hace a los empresarios capitalinos, tumba por completo  dicha narrativa.

De poco sirve que luego la candidata morenista matice y repita como mantra la narrativa oficial de la ex jefa de Gobierno Sheimbaum -una narrativa que asegura que la incidencia delictiva disminuyó 56 por ciento en la Ciudad de México durante su gobierno- si en sus declaraciones lo desmiente; si Brugada se ve obligada a prometer ante empresarios víctimas del delito una política de seguridad que sí funcione, es porque evidentemente la realidad no coincide con el discurso oficialista.

En tal sentido, es importante señalar que (1) es falso que los delitos disminuyeron 56% en la Ciudad de México y (2) los presuntos resultados están asociados a factores externos.

(1) Los delitos en la capital no bajaron 56%. Si se comparan los datos oficiales de la actual administración contra aquellos de la administración anterior, sí se puede observar una disminución de los delitos investigados, tal disminución es del 29% y no del 56% como afirma Brugada.

Asimismo, (2) dichas disminuciones se asocian principalmente a dos factores, la pandemia por COVID19 y la mala clasificación de los homicidios.

Durante el periodo de la pandemia por COVID19, los robos y otros delitos tuvieron bajas importantes como efecto del confinamiento social. A partir de 2022, los delitos regresaron a los niveles que teníamos en 2018 y 2019. Si las bajas fuesen el resultado de una estrategia exitosa en la capital y no de la ausencia de personas en la calle, la incidencia delictiva no hubiera aumentado progresivamente conforme se normalizaba la situación de movilidad; si la reducción de la incidencia delictiva fuese un resultado de las políticas de seguridad, no nos encontraríamos el día de hoy con una incidencia delictiva equivalente a la de final del sexenio pasado.

Además, de manera inédita, en la actual administración capitalina se dejaron de investigar cerca de seis mil muertes violentas, delitos que al final no aparecen dentro de la categoría de homicidios.

Más allá de interpretaciones, narrativa, maquillaje de cifras y promesas de campaña, lo cierto es que los datos oficiales confirman que la actual administración capitalina -la de Sheimbaum y Batres- terminará como la peor en materia de extorsión, feminicidio, trata de personas, narcomenudeo, desaparición de personas, violencia familiar y muertes violentas no determinadas, de la historia de la Ciudad de México.

Resulta positivo que Brugada reconozca la necesidad de un cambio en la estrategia de seguridad para lograr reducir los delitos, pero es lamentable que la candidata presidencial de Morena y el presidente de la República sostengan una narrativa falsa.

Si bien es positiva la promesa de un cambio de estrategia, es aún más importante que Brugada explique con detalle cómo se compone su estrategia, qué modelo piensa adoptar, con qué indicadores la evaluará y de dónde saldrán los recursos para implementarla. Dicha información debe ser un insumo para que los ciudadanos podamos analizar qué tan factible y efectiva es su propuesta y qué tanta confianza genera en una ciudadanía a la que todos los días nos intentan mentir usando “otros datos”.

Director del Observatorio Nacional Ciudadano

@fraricasCoL

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