De mi escuela casi no han salido famosos. A mi escuela, más bien, entran famosos. Estudié, hace algunas décadas, en el Instituto Irlandés, donde es común ver a los hijos de los empresarios más renombrados, de políticos y de las luminarias del círculo socioeconómico más alto del país.

La mayoría de quienes pasan por sus aulas y conviven en sus jardínes, tienen un camino ya más o menos trazado: El negocio familiar, la administración de su patrimonio y el disfrute de sus bienes. Y no es crítica; simplemente, así es. Así como son contados los que esquivan esa ruta y toman el destino en sus manos.

Tal es el caso de John Sutcliffe, quien a sus 22 años —por ahí de 1990— firmó su primer contrato con TNT por mil 500 dólares semanales. Su papá, dueño de una fábrica en la que él no quiso trabajar, le sugirió que revisara con la empresa si no se habían equivocado, pues le checaba más que fueran 150.

“Yo también lo dudé, pero la cantidad era correcta. Sé que nunca voy a ser millonario”, me confesó John en nuestra plática, “pero desde aquel día soy autosuficiente y, haciendo lo que más amo, he podido darle a mis hijos exactamente lo mismo que yo recibí de mis padres. Eso es una fortuna”.

Hoy, John es uno de los rostros más conocidos de ESPN. Viaja por todo Estados Unidos para cubrir los Monday Night Football, torneos de golf y para seguir a la Selección Mexicana en sus giras por aquel país donde nació su madre. A donde va, los mexicanos y latinos que trabajan allá, lo reconocen.

“Platico mucho con los meseros, con los trabajadores de los hoteles donde me hospedo, con los jardineros de los campos de golf, con un sinfín de mujeres y hombres que llegaron sin papeles a partirse el lomo para darles también una mejor vida a sus hijos. ¿Cómo no iba a conmoverme cuando, en la fiesta más grande de Estados Unidos, Benito los reivindicó y les dio su voz, en español, durante 15 minutos”, dijo.

“Nunca olvidaré cuando mis papás me dijeron que lo intentara, y que si no, ahí estaba la fábrica para que volviera, que no me preocupara por mi dislexia y que en la universidad me concentrara en aprender a pensar y a llevarme con la gente”, agregó.

Si John Sutcliffe —exalumno del Irlandés, amigo de Aaron Rogers y Tiger Woods, de los cocineros migrantes y los trabajadores de la limpieza— llegó al Super Bowl LX, es porque —al igual que Bad Bunny— nunca nunca dejó de creer en él.

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