No tienes nada que perder

FJ Koloffon

Los próximos Juegos Olímpicos de Tokio son todavía una gran incógnita

Los próximos Juegos Olímpicos de Tokio son todavía una gran incógnita. A pesar de su postergación al verano de 2021, y no obstante que ya tienen fecha, no hay todavía nada seguro. 

Y no hay todavía nada seguro, de hecho, en ningún ámbito, en ningún tema, en ninguna situación, en ningún evento, en persona y lugar alguno del orbe. Pregúntele usted a quien quiera cualquier cosa sobre el futuro y casi podría yo apostarle que se encogerá de hombros y levantará las cejas.

“Pues vamos a ver cómo están para entonces las cosas”, se escucha en México, China, Argentina, Alemania, Kenia y en los 14 países de Oceanía. Nadie tiene certeza de nada, y si algo es de reconocernos es que —en cuestión de semanas— hemos aprendido a vivir en la más absoluta de las incertidumbres, al día, sin el futuro asegurado, algo que ni Osho, ni Deepak Chopra, ni la Cienciología ni la Cabala lograron con sus seguidores más aplicados.

Vivir en el presente te quita el miedo, o por lo menos te lo calma, porque esa plaga suele alimentarse del futuro, de lo incierto, de aquello que todavía no ocurre, pero nos aterroriza si lo imaginamos. Ahí está toda esa gente que sale ahora a hacer música a los balcones o vía streaming. Cantantes, guitarristas y pianistas frustrados que apenas hace unos meses quizá trabajaban de traje y corbata. Este confrontamiento con la muerte y la incertidumbre le ha quitado el miedo a muchos.

Las redes están llenas —o, mejor dicho, saturadas— de escritores de buró, de bailarinas y pintores de armario, de instructores de aeróbics y gimnasia, de gente que se rapa o se hace mohawks y transmite sus historias y pequeñas grandes hazañas en sus lives de Instragram. “No tienes nada que perder”, se recuerdan y vuelve a ellos esa energía tan arrebatadora como la canción de Mecano.

Pero tenemos que ir más allá. Los retos absurdos, los acertijos y las listas de Facebook, las representaciones de TikTok (yo acabo de hacer una) y los medios maratones en nuestras salas, no nos van a llevar a algún lado. Se viene un mundo nuevo, es momento de reinventarnos. Y, más que un impulso, necesitamos un movimiento.

Si los Juegos Olímpicos se llevan a cabo, es probable que los atletlas no lleguen en su mejor forma, después de este parón mundial. Alcanzo a ver, más bien, unos Juegos fraternales, en los que el solo hecho de volverse a reunir tantos países, tantos deportistas, tantos humanos, encienda al unísono la llama de nuestros corazones, en los que si un corredor cae, los otros regresan a pararlo, para llegar juntos.

Nota: No tienes nada que perder, no tienes nada que ganar... 

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