Lo invisible

FJ Koloffon

Ayer, los mexicanos Laura González del Castillo (53 años de edad) y Yuri Contreras (56), tenían planeado emprender el ascenso a esta temible montaña

El K2, conocido como La Montaña Salvaje, dada la dificultad para ascenderla, se ubica en la cordillera del Karakórum, en el sistema de los Himalayas, en la frontera de Pakistán con China.

Luego del Annapurna, es el pico que alberga más fatalidades. Por cada cuatro escaladores que alcanzan su cumbre, uno muere en el intento.

Ayer, los mexicanos Laura González del Castillo (53 años de edad) y Yuri Contreras (56), tenían planeado emprender el ascenso a esta temible montaña, la única que nunca ha sido conquistada en invierno.

Pero este 2020 se dejó venir como una avalancha y arrasó con los planes de absolutamente todos. Laura y Yuri son pareja arriba y afuera de la montaña, comparten entrenamientos, subidas, bajadas, ilusiones y dos hijos, Cristian y Andrea, a quienes siempre llevan a sus expediciones en una fotografía, esa que varias noches difíciles han sacado de sus mochilas en la penuria de las montañas para volver a sentir la fuerza vital y su principal motivo.

Trepar montañas es secundario, aunque inmensamente gratificante; son más de ocho mil metros. Ya en 2016 lo habían intentado. Pero, otra vez, la fuerza incontenible de la naturaleza les impidió seguir adelante.

En aquella ocasión, un tremendo desgajamiento de nieve estuvo cerca de acabar con sus vidas. Sin embargo, una serie de circunstancias coincidentes, imperceptibles a la vista y al entendimiento humano, los orillaron a tomar una de esas pausas milagrosas que a veces nos salvan de las tragedias.

De no detenerse, el alud gélido los hubiera sepultado y desaparecido de la faz de la Tierra, a más de siete mil metros de altura. Leer también: Ahora fue un virus invisible, el mismo que paralizó al mundo y que a muchos nos permitió ver que nos la pasábamos corriendo a toda prisa para ir a sitios a los que no deseábamos llegar.

Ellos no, tanto Laura como Yuri siempre han tenido claras sus metas.

“Es triste para nosotros, pero no tiene comparación con lo que viven los porteadores y sherpas, quienes esperan estas temporadas para trabajar y llevar comida a sus hijos”, se lee en el post más reciente de su fanpage en Facebook, a lo que tendríamos que agregar algo que escuché también de ellos en un podcast de Antonio Rosique:

“Pero nunca debemos perder la esperanza de que las condiciones y el clima van a mejorar, porque hasta las nubes más densas y amenazadoras se van”.

En alguna ocasión le realicé una entrevista imaginaria a un alpinista:

—Pero, dígame, ¿qué encuentra uno allá arriba? —Lo invisible: una vista gloriosa de lo que hay abajo. Los sueños a veces tienen que detenerse —como bien concluye Laura en su mensaje—, para resguardarse y no morir —agrego yo—.

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