Justo cuando más te replanteas las cosas y te cuestionas el mundo como lo conoces, de pronto te acomete una andanada de preguntas que no veías venir. “¿Papá, tú crees que Jesús sí existió?”, me preguntó Lorenz o, el pequeño, camino a casa de su abuela el domingo.

Veníamos solos en el coche y pude explayarme en mi respuesta, sin temor a que mi mujer me fuera a excomulgar. Le contesté que sí, y que a mi entender había sido un gran hombre, un maestro que predicaba acerca del amor, la justicia y los principios, así como distintos seres ilustres que le han devuelto un poco de conciencia a la humanidad: Buda, Platón, Gandhi, Martin Luther King y tantos otros.

“¡No, no, papá!”, me respondió, entre confundido y desesperado, porque no le entendía. “A ver, ¿tú crees que Jesús fue Dios?”. Y entonces le dije que, según yo, todos somos un poco de eso, y que Jesús y los demás somos más o menos iguales. “Pero no es que Dios haya bajado de las alturas convertido en Jesús, no”, todavía le aclaré, y después ya mejor me preguntó cuánto faltaba para llegar.

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Por la noche, ya recostado con mi mujer en la cama, a medio capítulo de Luis Miguel , escuché —proveniente del cuarto de mis hijas— uno de esos gritos que denotan seriedad y que es preciso atender. “¡Papá!, ¡Papá, ven!”, era Paula, la de en medio. Algo le pasaba. De inmediato, le pregunté y —muy desconcertada— me enseñó su celular.

Se trataba de una nota sobre la tal Superliga europea, y mi hija se veía verdaderamente descompuesta. “¿¡Pero qué es esto?!, ¿¡qué va a pasar, papá?!”. El comunicado advertía que los clubes que participen en este torneo (12 de los principales de Europa) serían desafiliados de sus respectivas Ligas, y que sus jugadores no podrían representar a sus países en el Mundial. O sea, adiós Messi, Cristiano, Zlatan, Mo Salah, De Bruyne, Sergio Ramos...

Paula y su hermana Regina j uegan en una escuela del Necaxa. Desde chiquitas aman el futbol, se saben más nombres de jugadores que yo y me ganan en dominadas. Cómo le explicas a unas apasionadas niñas —de 13 y 15 años de edad— que el futbol es una industria donde prevalece el dinero y no el pundonor, y en la que ahora los grandes equipos parecería que buscan clientes más que hinchas. ¿Qué va a pasar con ellas y con quienes aman el futbol por encima de sus propios intereses, con quienes honran su camiseta, con los que esperamos cada 10 años esa hazaña del equipo modesto que se alza con el trofeo?

“¿Por qué hacen eso, pá?”, insistió, y yo le pregunté si no prefería que habláramos de Krishna.

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