Esta columna jamás tuvo que haberse escrito. La historia que narra, no tenía que contarse, porque nunca debió ocurrir. Sin duda, es el caso más difícil que me haya tocado poner en palabras... El 11 de marzo pasado, Brenda Valenzuela pidió apoyo en sus redes sociales para que periodistas, medios de comunicación, colectivos de búsqueda y cualquier persona difundiera la ficha de Carlos Emilio, su hijo, desaparecido hace más de cinco meses en el restaurante-bar Terraza Valentino, en Mazatlán, Sinaloa.
Entre algunas de sus publicaciones, llamó mi atención un video que recorre parte de la vida de Emilio, donde aparece a bordo de su bicicleta en distintas rodadas y eventos, así como disputando una carrera.
“Desde muy chicos, su papá y yo les inculcamos a él y sus dos hermanos menores el deporte: atletismo, la bicicleta, natación, beisbol y taekwondo”, me cuenta Brenda, a la vez que esboza una fugaz sonrisa al trasladarse a aquellos años cuando estaban los cinco juntos, una reminiscencia de dicha que casi de inmediato se borra de ese rostro gentil, donde —sin embargo— se han instalado la tristeza y la aflicción: “Estaba inscrito para diciembre a su primer maratón en Monterrey, pero no llegó”.
Y eso es justo lo que no puedo ni quiero imaginar: Que no llegue tu hijo. Porque, si bien, es frustrante no encontrarlo o no alcanzar a verlo en una competencia a la que lo acompañas, no me explico cómo será posible vivir sin noticias suyas en más de cinco meses.
Cinco meses en los que nadie les dice nada, en los que el desvergonzado gobernador no fue para recibirlos o hacerles una llamada. Cinco meses en los que, encima, han sido extorsionados y amenazados. Cinco meses sin claridad, con los videos de las cámaras de seguridad del bar (propiedad de quien fuera en ese momento secretario de economía del estado) editados y con “saltos” entre las tomas del sistema C4 de la ciudad.
La madre de Carlos Emilio nos hace un llamado a corredores, ciclistas, a quien practique el deporte, a quien tenga un hijo y empatía para que difundamos su historia, pues fue precisamente gracias a la relevancia social que el caso acaba de ser atraído por las autoridades federales. Ojalá que ahora, Brenda sí reciba alguna señal de la Presidenta Sheinbaum.
Carlos Emilio Galván Valenzuela, deportista apasionado, está desaparecido, pero entre todos podemos ayudar a que no sea invisible.

