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En México hay muchos “gorrones” que viven de los demás sin pagar nada. Es una lista larga que incluye políticos y sus partidos; líderes y sus sindicatos; investigadores burocratizados, empleados excedentes en las paraestatales; actividades ilegales, economía informal, empresarios evasores y rentistas y otros que no pagan o pagan muy poco por lo que cuestan.

Son un lastre social. Se ha hecho muy poco para someterlos, pues sucesivos gobiernos se han enfocado en los usuales, recargándose en ellos por comodidad o falta de efectividad para llegarles.

Principalmente por eso la recaudación fiscal es insuficiente, aunque las bases y tasas de impuestos y gravámenes son más altos que en otros países. Por eso, estamos lejos de ser un paraíso fiscal, pues si lo fuéramos, habría una abundancia de inversión y creación de empresas porque las bajas cargas fiscales ocasionarían una alta rentabilidad de los negocios.

Claramente está sucediendo, lo contrario, pues la inversión es escasa y las nuevas empresas insuficientes.

La realidad es que las tasas de impuestos y la base gravable para las personas y las empresas en nuestro país son más altas que en Estados Unidos, pero la recaudación es baja porque la mayoría de las personas que declaran tienen ingresos menores a los de los países de la OECD y hay pocas empresas que sean lo suficientemente rentables equiparables a las de esos países.

Lo que sucede es que hay exceso de gorrones y los gobiernos no quieren o no pueden cargarles siquiera lo que cuestan a la sociedad, mucho menos para solidarizarse con los más pobres.

Los políticos y sus partidos se defienden como gatos boca arriba cuando se discuten leyes para que los legisladores paguen ellos -no el gobierno- los impuestos que les corresponde, o para reducir el excesivo costo de los negocios llamados partidos políticos.

El SAT no quiere controlar a los factureros y evasores, fuera de lo conveniente políticamente, a pesar de tener los elementos y poderes para hacerlo.

A los líderes sindicales corruptos no se les ha quitado un peso y los sindicatos están exentos. Los medios de comunicación orgánicos nos cuestan $5, 500 millones de pesos anuales.

Más del 50 por ciento de negocios y empleados formales, es decir, uno de cada dos no contribuye con impuestos directos porque el gobierno no es capaz de verlos y llegarles. En un kilómetro a la redonda de Palacio Nacional hay una potencial base gravable no contribuyente quizá mayor a la de varios estados de la República.

¿Por qué no les llegan? No son los más pobres. Hay cientos de miles de posibles causantes muy pudientes con residencias, coches de lujo y casas en las playas. ¿Corrupción? ¿Falta de coordinarse con los estados y municipios?

Estamos en un dilema: si aumentamos impuestos a los mismos apachurramos más la economía y el empleo o si no aumentamos la recaudación seguimos sin recursos para levantar la economía y ayudar a los más necesitados.

La salida está en llegarles a los gorrones. Tarea interesante para la 4T. Fundador de la Asociación Nacional de Empresarios Independientes (ANEI) y ex Secretario de Economía y Trabajo de Nuevo León.
 

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