Analizando la primera sesión de la reunión convocada por el CCE, me quedó claro que es imposible el diálogo de las cúpulas empresariales y el presidente.

Hay una insalvable diferencia ideológica y política.

Por un lado, el CCE convoca a un foro donde aparecen la mayoría de los exfuncionarios neoliberales proponiendo las mismas ideas que aplicaron cuando dirigían la economía.

Satisfechos, a pesar de que su reinado, produjo millones de pobres; débil crecimiento económico; concentración de la riqueza y poder en pocos mega millonarios; debilitamiento del aparato productivo nacional desintegrando cadenas y haciéndolo más dependiente; persistencia de oligopolios; altas tasas de interés y escasísimo crédito al productor y empresas estatales en ruinas.

Se olvidan de compararse con China, Corea, India o aún Chile o Perú, que nos han sobrepasado ampliamente.
Por el otro, el presidente mostrando consuetudinariamente un evidente desprecio por esos personajes, pero encerrado en sus propias inadecuadas ideas tratando de cambiar y dinamizar le economía.

Atrincherado en un conservadurismo fiscal inoportuno y peligroso; aplicando una austeridad que ahoga la operatividad del gobierno, predicando contra las empresas y cancelando proyectos icónicos, pero sin cambiar las condiciones clave que impiden eficiencia y eficacia en la economía.

Está empeorando lo ya malo y destruyendo su programa social y político. Solo los más ardientes seguidores no lo ven.

Ni las cúpulas ni el gobierno tienen la intención de ceder. Están cerrados por sus respectivas ideologías. Ambas con algunos puntos buenos, pero con muchos negativos y con grandes oportunidades de mejora.

Estas dos fuerzas cupulares no llegarán a acuerdo mientras los millones de mexicanos que sufrimos su lejanía y encono estemos ignorados por ambos.

En la mencionada junta no apareció ningún empresario entre los ponentes. Nadie que me represente realmente. Sólo teóricos y políticos.

Las intervenciones de un par de aliados al régimen dieron el toque, aunque minúsculo, de diversidad, y ofrecieron la oportunidad -desperdiciada por la audiencia, a juzgar por las reacciones en el chat- de escuchar la opinión del otro y analizar las causas del desencuentro.

Gibrán Ramírez afirmó que no habrá diálogo mientras se busque quitar al presidente y forzarlo a actuar no invirtiendo. Vocalizó lo que quizá piensa el presidente y sus principales allegados.

Mario Delgado evidenció la incongruencia de insistir en la cancelación de los proyectos insignia del gobierno, cuando generan empleo y se le pide gastar más.

La silbatina virtual y la repetición de las críticas a la política social y económica del régimen fue la respuesta.

¿Quién podrá convertirse en un interlocutor moderador que presente ideas concretas en beneficio a las Pymes y al empleo, usando lo bueno de ambas posiciones y conciliando diferencias?

Este debemos ser los empresarios excluidos de las cúpulas empresariales y políticas.

Al final, somos los que estamos en la trinchera, dando la cara a clientes, colaboradores, fisco, competencia, cambio tecnológico, y que estamos frenados tanto por el gobierno como por los oligopolios.

Somos los de la chequera para emplear e invertir o para desocupar y replegarnos.

Hay que hacernos oír pues ya estamos cansados de ver a potentados, economistas y políticos acaparar el discurso y seguir conduciendo al país al despeñadero.

Empresario.
El autor es el Fundador de la Asociación Nacional de empresarios Independientes, A.C. y Ex Secretario de Economía y Trabajo del estado de Nuevo León.

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