Los signos de la economía nacional son claros: las finanzas internas no se recuperan y los mexicanos están pagando los platos rotos. Para muestra, la inflación de 7.37% registrada en noviembre de este año, la más alta de los últimos veintiuno. Aunque el gobierno mexicano sostenga que las cosas van bien, las familias de México están pagando más por alimentos, gasolina y vivienda, entre otros rubros.

Además del golpe económico provocado por la pandemia; la falta de inversión, el ineficiente gasto público y la desconfianza por las políticas del gobierno de Morena, tienen a las finanzas nacionales en frío, en completa parálisis. De hecho, en su informe “Perspectivas Económicas de la OCDE”, la organización estima que la economía mexicana no se recuperará sino hasta 2023, lo cual significaría prácticamente un año perdido.

Y es que al descalabro económico de 2021 y el desplome de -8.3% del Producto Interno Bruto (PIB), hay que sumar el hecho de que el gobierno mexicano sigue metiendo dinero bueno en el malo, como es el caso de las grandes inversiones en Pemex; además de que se siguen ahuyentando las inversiones en el país. De acuerdo con la economista Gabriela Siller, el 2021 cerrará con una fuga de capitales de cerca de 300 mil millones de pesos.

El impacto de la mala situación económica del país, como dije, ya se siente en los bolsillos de las y los mexicanos. Algunos insumos de la canasta básica han incrementado sus costos hasta en un cien por ciento, como es el caso de las tortillas, los jitomates, el gas LP y la gasolina. Por ello y de acuerdo con el INEGI, el consumo interno lleva por lo menos 4 meses a la baja. Es decir, las familias están gastando menos ante el incremento exponencial de los precios.

Otro grave problema son las grandes expectativas del gobierno de la 4T, reflejadas en el Paquete Económico 2022, que incluye la Ley de Ingresos. El gobierno mexicano calcula ingresos por cerca de 7.8 billones de pesos, partiendo de un precio promedio de 55.1 dólares por barril de petróleo y una tasa de cambio de 20.30 pesos por dólar. Pero si los pronósticos fallan, se corre el riesgo de incrementar notablemente la deuda pública del país, comprometiendo con ello el crecimiento económico.

Un aspecto más que resulta preocupante es la forma en que fueron distribuidos los egresos en dicho paquete: los programas sociales del gobierno (asistencialismo) reflejan notables incrementos, como es el caso de “Bienestar de las Personas Adultas Mayores”; al igual que las obras emblema de infraestructura como el Tren Maya. Pero de apoyos para micro, pequeñas y medianas empresas, golpeadas por la pandemia, nada. Tampoco de fuertes inversiones en los sectores productivos, como el campo.

En este complejo escenario, la mayoría de los analistas financieros coinciden en que el gobierno mexicano tendrá que ajustar sus pronósticos de crecimiento para el próximo año, pero más importante todavía, es la perspectiva compartida de lo mucho que costará llevar la economía nacional a los niveles previos al inicio del sexenio.

Recuperar la tendencia de crecimiento que venían experimentando las finanzas nacionales en 2018, sin las medidas gubernamentales correctas, llevará hasta 3 años más, de acuerdo con diversas firmas financieras. La relación comercial con Estados Unidos podría un factor de diferencia, pero ésta se ha visto enrarecida con iniciativas como la reforma la industria eléctrica, cuyo debate fue aplazado hasta el próximo año.

Si el gobierno quiere acelerar la recuperación es momento de gastar bien y generar certidumbre para las inversiones. No hay tiempo que perder. Las familias de México la están pasando mal.

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