Tuve la oportunidad de ver la cinta “Don’t look up”, una producción de Netflix dirigida por el guionista y actor estadounidense Adam McKay, que realiza una crítica a la sociedad moderna saturada de estímulos y alejada por completo del mínimo sentido de la supervivencia.

En general me pareció una película con extraordinaria narrativa, un buen ritmo y un arte muy atractivo, pero lo que más me atrapó fue la forma en que retrata a una sociedad desconectada de sus instintos primarios, dispuesta a sacrificar su futuro por el statu quo.

Uno pensaría que se trata de una cinta apocalíptica que retrata cómo la humanidad se encamina a su fin, ante el inminente impacto de fenómenos como el cambio climático. Sin embargo, el centro argumentativo aplica perfectamente para otros escenarios como la guerra armamentista nuclear, la presencia de nuevos virus y pandemias, el posible colapso de la economía global y otros cataclismos previsibles, ante los cuales el ser humano parece un ente pasmado por la nada y por el todo a la vez.

En la cinta, dos científicos de la Universidad Estatal de Michigan descubren un meteorito de aproximadamente 10 kilómetros de diámetro, cuya trayectoria es el planeta Tierra. Ante tal suceso, las autoridades se mantienen indiferentes y pasivas, dando prioridad a otros aspectos como la política, el consumo de los medios de comunicación, las redes sociales y en general, el llamado show business, que producen ganancias millonarias para algunas élites, cuyas decisiones afectan la vida de millones de personas.

Lo cierto es que esta producción, que se ha ganado el reconocimiento de la industria cinematográfica, de los críticos de cine y de los usuarios de la plataforma streaming, refleja de forma cruda uno de los peores males: la indiferencia ante las catástrofes y la tragedia. Si lo comparamos, por ejemplo, con la forma en que el gobierno de nuestro país ha dado atención a la pandemia, sin importar las miles de vidas que se han perdido, la esencia es la misma: primero la elección, luego la solución; primero mis intereses, luego los demás.

¿Ya se nos olvidó cómo en el periodo electoral de este año que termina, las campañas de vacunación arreciaron en el país e incluso hubo quienes se adjudicaron el hecho de que los reactivos llegaran a la población?, ¿o cómo en cadena nacional se minimizó el riesgo del virus y lo anterior trajo consecuencias catastróficas que nos colocaron como una de las naciones con la peor estrategia para contener la pandemia? El gobierno actuó como ese grupo de asesores de la Casa Blanca cuya atención siempre estuvo en lo segundo, cuando tuvo que haber actuado con prontitud, decisión y estrategia.

Eso en lo nacional, pero si nos vamos al plano internacional, la lucha por el poder político y económico han sido motivaciones más importantes para algunas naciones, que la amenaza del cambio climático. Ahí está el ejemplo del expresidente Trump, quien determinó la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París por considerar que los intereses económicos de esa potencia se veían mermados por el control de las emisiones de carbono. Nada más irracional, en pleno deshielo de los polos árticos por el incremento de la temperatura del planeta.

Volviendo a “Don't look up”, sin duda es una cinta que vale mucho la pena y que debería provocar, por lo menos, una reacción individual frente a nuestros estilos de vida. Al final, no todo es culpa de los gobiernos, sino de los pequeños actos que nos distinguen de las sociedades más avanzadas, que han entendido que los cambios más profundos se generan en la base, culturalmente. Para el cierre de año es sin duda una cinta que se puede disfrutar en familia y de la que se puede aprender mucho o por lo menos pensar en lo que estamos haciendo bien y mal.

Vocero del PAN.

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