En épocas de recesión la industria de cosméticos y cuidado personal incrementa su participación de mercado hasta en dos dígitos. Esto ocurre en México, Estados Unidos o China. Una posible explicación es que la economía de la belleza gana importancia en todos los sectores económicos y en la sociedad actual, la belleza se reduce a la apariencia física.
En la Texas Christian University en Fort Worth, Estados Unidos, se comprobó la llamada teoría del pintalabios. En ella se establece que la desaceleración de la economía fortalece a la industria cosmética. La inseguridad en los mercados y empleo incide en que las personas buscan reafirmarse profesional y personalmente al lucir más atractivas.
Esto no se limita sólo al autoconcepto, sino a aprovechar las oportunidades. Y en esto, la apariencia física tiene un rol trascendental.

En general, las personas más atractivas suelen tener mejores oportunidades de promoción, empleo, negociación y otros hasta en 8% respecto a personas menos agraciadas.
El economista estadounidense Daniel Hammermesh desarrolló un método cuantitativo para medir el fenómeno. Acuñó el término ‘Pulchronomics' para describir la ‘economía de la belleza'. En ella existe una relación entre belleza, capacidad de negociación y resultados.
Aunque el impacto del atractivo físico está profusamente documentado en las solicitudes de empleo y el sesgo entre personas bellas y que no lo son para determinar el grado de contratación, la apariencia juega un importante rol en actividades diversas como poder de influencia, otorgamiento de créditos, ascensos y otros.
Se asume que el atractivo se vincula de 12 a tres dígitos de diferencia en la obtención de influencia y oportunidades diversas.
La socióloga británica Catherin Hakim resume: hay un bono para la gente atractiva. Ella le llama capital erótico. Es una combinación de belleza, estilo, habilidades sociales y carisma. Todo eso forma parte de un paquete que trasciende la belleza heredada. Puede comprarse mediante maquillaje, cirugías y ropa. Así se conforma la belle laide: una mujer ordinaria que se vuelve atractiva gracias al acierto con el que cuida su imagen y estilo.
Y regreso: en épocas de recesión, en las que los consumidores se vuelven más selectivos y posponen las compras no imprescindibles, existen categorías de productos que sorpresivamente aumentan su demanda, como cosméticos.
En cirugías plásticas, contrario a lo que se pensaría, existe un amplio y prometedor mercado. Los consumidores lo visualizan como una oportunidad de mejorar la apariencia y ahorrar en distintos y continuos productos de cuidado personal.
Incluso, cirugías de alta permanencia, como escultura corporal y aumento de busto, se identifican con las que mayores demandas tendrán por su impacto en la apariencia. Cirugías del rostro también aumentarán la demanda por tener resultados más significativos respecto a inyectables.
En las grandes irrupciones, vale decirlo, es donde aparecen los modelos de belleza que trazarán el rumbo de grandes épocas. Hoy se vaticina, por ejemplo, el auge del metrosexual y de la mujer con silueta más definida y mayor busto. Entramos a la era de gran avance tecnológico digital, pero también a mayores expectativas en la apariencia personal. Imperativos de mercado… y de la economía.
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