En memoria de Mario Mandujano Valdés,

un gran médico, notable académico

y mejor persona. Con mi mayor

afecto para Carmelita, su viuda.

Nuestra economía existe para el consumidor, no el consumidor para la economía. Nunca ha de olvidarse este punto. La <<Nueva Economía>> difiere de la vieja en que toma por norma las necesidades de las masas” (Nicolai Bujarin, 30/09/1928, El capitalismo organizado, Pravda, Moscú, p. 2, citado en Stephen F. Cohen, 1976, Bujarin y la revolución bolchevique. Biografía política 1888-1938, Siglo XXI España, p. 244).

El pasado 25 de enero, Branko Milanovic publicó en Project Syndicate un interesante artículo sobre si la economía comparativa debía o no incorporarse al currículo de economía en Occidente, específicamente en Historia Económica (agradezco profundamente a mi camarada Gustavo Gordillo el habérmelo enviado). La observación de Milanovic no solo hace referencia a modos de producción y, en ellos, a los determinantes de la distribución, al estilo de comunismo primitivo> esclavismo> feudalismo> capitalismo> socialismo> comunismo. En realidad, el autor pretende introducirse en las características de la economía política de la distribución, en cada caso, poniendo especial atención en los experimentos comunistas y su gran diferencia con los capitalistas.

El tema me interesa profundamente por haber significado una confrontación entre los gigantes economistas soviéticos, Nicolai Bujarin y Yevgueni Preobrazhenski, autores, en 1919, de EL A. B. C. DEL COMUNISMO (1970, Editorial Grijalbo, S. A., México, 160 pp.), a partir de dos acuerdos fundamentales y relativos a la industrialización:

1.- El que la percibe como meta suprema del partido, por las razones del orgullo y la seguridad nacionales, la relación marxista del industrialismo con el socialismo (el barbudo terror de los sacristanes no imaginó la revolución proletaria en un país de campesinos) y la preocupación sobre la vulnerabilidad del régimen proletario en una sociedad predominantemente agraria, y

2.- La industrialización soviética tendría que depender principalmente de los recursos internos, particularmente agrarios. Las discrepancias entre estos grandes teóricos bolcheviques, como suele suceder a lo largo de la historia, consistían en los cómos.

Mientras Preobrazhenski proponía un sometimiento del sector rural, por la vía de un intercambio desigual en el que los precios rurales se estancaran e incluso disminuyeran, al tiempo que los precios de los bienes industriales mantendrían, para los consumidores del campo, un crecimiento sostenido, convirtiendo al proletariado en una clase explotadora de los campesinos pobres y de los pequeño burgueses, la reacción de Bujarin -convencido de la relevante figura de la Smichka, la alianza del proletariado y los campesinos- es realmente atendible:

Los camaradas de la oposición quieren pedir demasiado a los campesinos y ejercer sobre ellos una presión tan fuerte que sería, en nuestra opinión, irracional desde el punto de vista económico e inaceptable desde el punto de vista político. Ello no quiere decir que nosotros renunciemos a obtener de la clase campesina medios destinados a reforzar la industria, pero somos mucho más prudentes en nuestros cálculos” (Nicolai Bujarin, 1926, El partido y el bloque de oposición, en León Trotski, 1974, El debate soviético sobre la ley del valor, Alberto Corazón, Madrid, pp. 237-8).

Desde antes de los años 20 del siglo pasado y hasta 1929, cuando Stalin establece la construcción del socialismo desde arriba y en un solo país, la riqueza del debate teórico, especialmente en Rusia y en Alemania, encuentra en Bujarin un espléndido animador, con el añadido de un cosmopolitismo que le permite conocer y debatir con los teóricos occidentales no marxistas, como Weber, Pareto, Mosca y Michels -los tres últimos, destacados teóricos de las elites-, además de ser el único bolchevique interesado en conocer, y criticar con gran solvencia, a la economía marginalista (Nicolai Bujarin, 1974, La economía política del rentista (Crítica de la economía marginalista), Ediciones Pasado y Presente, Córdoba, Argentina, 199 pp.). Su obra marxiana es de gran volumen, de muy clara actualidad y permanentemente polémica: Desde el ya citado A.B.C. del comunismo, La economía mundial y el imperialismo, Teoría económica del período de transición y Teoría del materialismo histórico. Ensayo popular de sociología marxista; este último, por el subtítulo y el contenido, encolerizó fuertemente a Lenin, quien acusó a Bujarin, con cierta razón, de cambiar la dialéctica por la sociología.

El asunto es muy interesante: Bujarin sustituye la triada hegeliana, Tesis, Antítesis, Síntesis por el concepto de equilibrio, bajo la siguiente lógica: Equilibrio, Desequilibrio, Nuevo Equilibrio, como efecto de su interés por la sociología; una lógica similar a la seguida por Albert Hirschman, durante 1958, en su Estrategia para el desarrollo (FCE, México). Otro tanto, a la luz de lo acontecido con la imposición de Stalin y su persecución y liquidación de bolcheviques (condena que alcanza a Bujarin en 1938), se aclara con la siguiente cita de Gaetano Mosca: “… la dictadura del proletariado no podría ser más que la de una clase muy restringida en nombre del proletariado” (G. Mosca, 1984, La clase política, FCE, México, p. 106).

Para Bujarin, la burocracia partidista, los Chinóvniki, podría constituirse en una nueva clase, capaz de oprimir a todo el pueblo soviético, comenzando por los campesinos brutalmente colectivizados y por el proletariado industrial super explotado. Tal cual aconteció.

Por su parte, Preobrazhenski planteó la política de opresión proletaria sobre el campesinado en su Nueva economía, 1926 [1968], Red mundial de los hijos de la revolución social, Cuba.

Las preocupaciones de Milanovic, acerca de si en el socialismo soviético la remuneración al trabajo correspondía a los méritos del trabajador o a sus necesidades, diferenciando entre hombres y mujeres, queda resuelta por Mancur Olson, 2000, en Poder y prosperidad. La superación de las dictaduras comunistas y capitalistas, (Siglo XXI España), en donde demuestra que el ingreso inframarginal (el correspondiente al horario de trabajo normal) de la masa asalariada estuvo por debajo del nivel de subsistencia, por lo que el trabajo marginal (extra) es el que permitía alcanzar o superar el costo de la vida, sacrificando el tiempo de ocio, en ese desfigurado <<paraíso proletario>>.

Muchos bolcheviques, especialmente Bujarin, merecen ser estudiados a profundidad y no solo por su interpretación de la más adecuada distribución de ingresos y riqueza; su aprecio por una suerte de socialismo liberal no pudo desarrollarse a plenitud por el desprestigio que acompañó a la socialdemocracia, desde el comienzo de la Gran Guerra.

Durante septiembre de 1925, tras desposar con Lydya Lopokova, destacada bailarina soviética, Keynes visita Rusia (como le gustaba referirse a la URSS) y, por desgracia, su intercambio intelectual es con Grigori Zinóviev (a quien llamar Chinóvniki equivale a un elogio, aunque también fue sacrificado por Stalin, en 1936) y no con Bujarin, en ese año metido hasta el cuello en el combate a las ideas que exaltan la lucha contra los campesinos, especialmente contra los acomodados. El gran Bujarin considera un propósito de imbéciles la prosecución de un socialismo de pobres. Keynes y los dos aspectos del socialismo soviético -el económico y el <<religioso>>- se verán en otra entrega. Salud.

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