Sería redundante volver a celebrar el poderoso mensaje de Bad Bunny durante el medio tiempo del Super Bowl LX. Eso ya se ha dicho, se ha reconocido y se ha aplaudido lo suficiente.
Lo que no podemos dejar pasar como si nada es la desafortunada publicación de Jake Paul, quien, refiriéndose al espectáculo, llamó a Benito Antonio Martínez Ocasio “ciudadano falso”. Una expresión grotesca, desatinada y profundamente ofensiva.
La ofensa no fue solamente para el artista. Fue para millones de personas. Fue para la enorme comunidad latina alrededor del mundo y particularmente, para el pueblo puertorriqueño. Porque cuando se cuestiona la ciudadanía de uno, se hiere la dignidad de todos.

No necesito ser fanático de su música para reconocer —quitándome el sombrero— el valor de un joven de 31 años que se paró en el escenario más grande del planeta, frente a decenas de millones de espectadores, y decidió enviar un mensaje de unidad: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.
En tiempos donde el racismo se disfraza de opinión, donde la violencia verbal se normaliza y la empatía parece escasear, un mensaje de inclusión siempre será más fuerte que cualquier insulto.
Pero Jake Paul no midió el peso de sus palabras.
Y quizá cometió el error más grande de su vida pública hasta ahora. Tan grande que podría opacar la luz con la que intentaba brillar apoyando al boxeo femenil. Porque inmediatamente después de su publicación, Amanda Serrano respondió con firmeza y dignidad: “Los puertorriqueños no somos ‘estadounidenses falsos’. Somos ciudadanos que hemos contribuido a este país en todos los ámbitos, desde el servicio militar hasta el deporte, los negocios, la ciencia y las artes, y nuestra identidad y ciudadanía merecen respeto”.
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Puerto Rico es parte de los Estados Unidos. Sus ciudadanos han servido en guerras, han levantado empresas, han ganado campeonatos mundiales y han enriquecido culturalmente a la nación. Cuestionar su ciudadanía no es ignorancia: es irresponsabilidad.
Quiero aclararle a Jake Paul algo muy sencillo: no existen ciudadanos de segunda.
Todos valemos lo mismo ante la ley. La Constitución de los Estados Unidos no contempla categorías de primera ni de segunda. Algunos nacen con la ciudadanía. Otros la esperamos durante años, incluso décadas. Y permítanme decirlo con absoluta convicción: lo que más cuesta es lo que más se valora.
Quien ha jurado lealtad con lágrimas en los ojos entiende el peso de esa palabra: ciudadano.
En esta nación —y en cualquier democracia que se respete— la dignidad no tiene jerarquías. Más respeto para la comunidad latina. Más respeto para Puerto Rico. Y más respeto para millones de ciudadanos que no necesitan que nadie valide lo que por derecho les pertenece.
Jake Paul nunca olvides que no hay ciudadanos de segunda, en todo caso, tú actuación y tú publicación son lo único de segunda en esta conversación.
@ErnestoAmador