En estos tiempos de renovación, la dignidad de las personas es el eje rector de toda decisión pública. Para la Fiscalía General de la República (FGR) significa que cada carpeta de investigación es una historia de daño. Significa también asumir que la justicia no es un privilegio, sino un derecho para quien haya sido vulnerado. Mi obligación como Fiscal General es actuar con sensibilidad, pero con firmeza; con humanismo, pero con determinación.

Para mí existe una tríada que define a una Fiscalía verdaderamente humana y socialmente útil: la Verdad, la Justicia y la Reparación. Tres conceptos que se complementan y se exigen mutuamente.

La Verdad es el primer deber que asumo. Es la base de cualquier proceso penal serio, el punto de partida para que una víctima recupere certeza y dignidad. A la verdad se llega investigando con rigor, con profesionalismo, con evidencias y con método científico.

La Justicia es el límite que el Estado pone frente al abuso; es un derecho, no un privilegio. Significa que nadie puede estar por encima de la ley, sin importar su apellido, su cargo, su influencia o su capacidad para presionar. Justicia es investigar con imparcialidad, acusar con responsabilidad y sostener cada caso con pruebas, sin estridencia.

Una FGR humanista, no puede conformarse con una sentencia si el daño permanece intacto. Reparar implica reconocer el daño, restituir en lo posible lo que fue arrebatado, brindar atención y acompañamiento, garantizar medidas de protección y asegurar que la víctima no vuelva a quedar sola frente al sistema. La reparación no es un favor, sino un derecho; y cuando aplica, debe ir acompañada de un compromiso que no admite ambigüedades: la no repetición.

Esta visión, exige algo más: Cero impunidad. Es una obligación ética y constitucional. Implica que cada investigación debe sostenerse con seriedad, sin fabricar culpables, sin improvisaciones y sin omisiones convenientes. Para que la justicia exista, es condición indispensable combatir frontalmente la corrupción; porque no hay nada más destructivo para la sociedad que un acto corrupto que frena una investigación, altera una prueba o desvía responsabilidades.

Ejercer este compromiso, exige humildad, autocrítica y responsabilidad. Sé que hay pendientes, rezagos que deben enfrentarse rápidamente y heridas sociales que aún no cierran. Pero también sé que la transformación de la FGR no se logra con propaganda, sino con resultados sostenidos, investigaciones sólidas, atención a las víctimas y la convicción de que el Estado no puede fallarle a la gente.

Esta es nuestra ruta: derechos humanos como base, víctimas al centro del quehacer institucional, reparación integral y no repetición cuando corresponda, investigación con evidencias y método científico, cero impunidad y combate frontal a la corrupción.

Es la ruta que guía nuestro trabajo en casos como el descarrilamiento del Tren Interoceánico, en la que trabajamos con el Gobierno de México para la reparación integral del daño a las víctimas de este lamentable accidente. Siempre actuando con rigor técnico, con transparencia responsable, con respeto a las víctimas y con la firmeza institucional de que la verdad y la justicia no se negocian.

Fiscal general de la República

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