México, economía y Covid, dos crisis esperan respuesta

Enriqueta Cabrera

El fracaso de México para contener el Covid-19 muestra por qué la región es el centro de la pandemia, como señala la revista The Economist. Se abrió antes de estar listos y se presentaron más casos de coronavirus, lo que colocó de nuevo el semáforo de la Ciudad de México en rojo para el reforzamiento de la sana distancia. El Covid y la economía esperan respuestas igualmente urgentes. La difícil situación económica de millones no encuentra alivio, ya que a diferencia de otros países, el gobierno no ha puesto en marcha acciones económicas para apoyar a quienes han perdido sus empleos y a las empresas impedidas de reiniciar actividades o en vías de quiebra, que disminuyan la crisis del desempleo y la vida de millones de mexicanos.

El pasado martes 16, la Cepal y la FAO, Comisiones Económica y para la Alimentación de Naciones Unidas, advertían que en América Latina 83.4 millones al cierre del año estarán al borde del hambre por no contar con ingresos suficientes para una canasta básica alimentaria. Sólo para México esta proyección podría alcanzar hasta a 21.7 millones de personas que estarían al borde del hambre; muchos ya lo están. La situación se agrava en el entorno rural pero también en el entorno urbano donde las personas optan por dietas malas a un costo menor. En cuanto a la devaluación de las monedas de la región, los países más afectados han sido Venezuela, Brasil y México, donde en éste último hay ya algunos visos de una pequeña y lenta recuperación.

El problema mayor está en la urgencia de corregir estimaciones de la medición y las perspectivas del coronavirus para moderar la apertura, que tiene que ser más cuidadosa y paulatina, a pesar de las urgencias del Presidente de iniciar sus giras por el país. Importante es observar cómo se comporta el crecimiento y el contagio de la pandemia que llegó ya a zonas rurales.

No se pueden separar ya la pandemia y las políticas de confinamiento y sana distancia de las urgencias económicas. México, a diferencia de la mayoría de los países en el mundo, no tiene una política de apoyo económico para quienes se han quedado sin empleo, ni en sector formal ni en el informa de la economía, que en conjunto representan más del 70 por ciento del empleo. El gobierno continúa con los apoyos a jóvenes y adultos mayores, anteriores a la pandemia. Para los demás, no hay estímulos, apoyos económicos o descuentos, cancelación de cobros fiscales, ayudas de alimentarias o de renta. El cambio de las circunstancias obliga a nuevas políticas de gobierno.

Tampoco está en marcha el estudio necesario para definir las políticas económicas en los próximos meses y posiblemente años. Otros países ponen el ejemplo, como España, donde Pedro Sánchez ha reclutado a un centenar de economistas, sociólogos, antropólogos, científicos que preparan un proyecto a largo plazo. Otros muchos países como Italia, Francia, China, Alemania y muchos más definen políticas económicas. En el caso de la Unión Europea incluso se llevan adelante proyectos comunes con alrededor de 750 mil millones de Euros. Francia, como otros países, temen un aumento masivo de las quiebras de empresas y dan pasos para construir políticas que lo eviten. En el centro se colocan también las medidas urgentes para mejorar los sistemas de salud, reconociendo el déficit de los mismos, que se ha hecho evidente durante la pandemia. En todos los países el empleo ha sido duramente golpeado por lo que se definieron desde el inicio de la crisis política económica, apoyos a los trabajadores y a las empresas.

Mientras otros países construyen estrategias, México está cerrado. Es evidente que la crisis económica es resultado del distanciamiento social y el consecuente confinamiento para controlar la pandemia, que desactivaron la economía. En síntesis los tres lados del triángulo: la pandemia, su manejo errático con un elevado nivel de contagio y la movilidad llevaron al colapso económico y social. Se han perdido 1 millón de empleos formales, 1 millón de independientes y alrededor de 9 millones de informales. Cifras del Inegi confirman la magnitud de la caída de la economía que desde luego incluye a miles de empresas, en su mayoría pequeñas y medianas. Y todo acontece sin que haya una política económica para enfrentar el derrumbe histórico.

México está atrasado, no tiene políticas económicas para enfrentar la crisis que ya está aquí. Hay una mala relación entre el gobierno y las organizaciones empresariales que han propuesto políticas que el Presidente se ha negado a discutir. Tampoco hay medidas de atención y alivio a la crisis laboral y empresarial. El tema del apoyo y la recuperación no está en el centro de la agenda política, no se avanza ni a tropezones. La ruptura entre el gobierno y las cámaras empresariales tiene que ser rectificada, es indispensable para salir de la crisis económica. Una mala noticia es que México cayó en el ranking de los 25 países más confiables para la inversión extranjera, habiendo quedado fuera del listado. La sordera y la cerrazón al diálogo y a la construcción de un plan de recuperación es inaceptable. La ruptura entre el Gobierno y la Iniciativa Privada trata de disfrazarse con otros temas banales en las mañaneras, mientras el país se hunde en un naufragio sin brújula y sin voltear siquiera a ver el horizonte.

El gobierno debe organizar un diálogo para salir adelante en el que participen los empresarios organizados, los expertos en materia económica y social, la diversidad y el pluralismo de enfoques y propuestas. Es urgente ajustar el presupuesto, con una reforma fiscal que tome en consideración los cambios y la crisis que no estaba presente cuando se aprobó. El gobierno cuenta adicionalmente con los dos préstamos obtenidos del Banco Mundial. Es absurda la polarización política y la ruptura. La economía va en picada y es urgente trazar una política nacional, una hoja de ruta para salir adelante, la recuperación será difícil y lenta, pero es necesario que el poder político y los empresarios organizados asuman el papel que les corresponde. México está hundido, el panorama es desolador y hay que enfrentarlo. No hay nada más importante. No cabe la división, la sordera ni la ruptura.

Periodista, analista internacional

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