Tras el golpe de estado, Jeanine Áñez pretende que México entregue a miembros del gobierno de Evo Morales, asilados en la embajada y la residencia de México en La Paz, Bolivia, y en espera de un salvoconducto reiteradamente negado para salir de Bolivia. Utiliza para lograrlo el argumento falaz de que hay órdenes de aprehensión contra los asilados, mientras ejerce presión, violando el derecho internacional. Quién imaginara que las presiones ejercidas sobre la embajada de México son mayores a las que en su tiempo ejercieron gobiernos golpistas en Chile, Uruguay, Argentina y otros del Cono Sur durante dictaduras militares. Áñez, la cara más visible del golpe de Estado quien se autoproclamó presidenta, va más allá: acusa a nuestro país de ayudar a evadir la justicia a quienes se encuentran asilados en la embajada de México. Falso y desconocimiento del derecho internacional.

Las presiones sobre la embajada de México no dejan de aumentar: cerco de vigilancia y seguridad en torno a la embajada y la residencia de nuestro país, presiones permanentes sobre el personal diplomático, detención del vehículo de la embajadora de México, María Teresa Mercado, y revisión del mismo. Acción ilegal: la embajada y la residencia son territorio nacional y los vehículos y equipo utilizados son propiedad nacional de México. Bolivia negó el amago a nuestra embajadora y la canciller Karen Longarik acusó al gobierno de México de injerencia. Completa con otra falsedad la cancillería boliviana, al advertir que la seguridad en torno a la embajada mexicana en La Paz fue reforzada por “amenazas de violencia” supuestamente emitidas por parte de grupos afines a Evo Morales.

Áñez va más allá, acusa a la Cancillería de injerencia en asuntos internos de Bolivia. Desconoce el derecho internacional en materia de asilo que establece que el país que otorga asilo a perseguidos está dentro de su derecho de hacerlo, y juzga, por sí mismo, si procede o no el asilo. México ha ejercido y sostenido ese derecho en situaciones de grandes tensiones como fue el caso del golpe contra Allende, encabezado por Pinochet en septiembre de 1973, o el del exilio español en la década de los treinta.

El primer país con el que entró en conflicto el régimen golpista de Bolivia fue México por haber dado asilo a Evo Morales y al vicepresidente Álvaro García Linera. Hay que recordar que Bolivia es el país que en América Latina ha sufrido más golpes de estado, experiencia que debería tener el nuevo régimen. Cuando Evo Morales estaba en México, Áñez pretendió silenciarlo, exigiendo a nuestra Cancillería que lo sometiera a un régimen de vigilancia y censura, que no emitiera declaración alguna, invocando un tratado que ni México ni Bolivia firmaron o ratificaron nunca. Ignorancia o utilización de argumentos no válidos para presionar. México no cedió frente a tan falaz petición, que pone en evidencia el desconocimiento, por parte del nuevo régimen boliviano, de las políticas de nuestro país, de acuerdo con nuestra Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de una política exterior de Estado que se mantiene. A falta de argumentos válidos, el régimen en el poder en Bolivia utiliza presiones.

Crecen de día en día las tensiones por la vigilancia y el asedio a nuestra Embajada, por parte del nuevo régimen boliviano, aumenta la vigilancia y se dice que se utilizan drones. La Secretaría de Relaciones Exteriores se mantiene en alerta permanente, ya que existe el riesgo de una incursión armada. Mientras tanto persiste un secuestro “policiaco y militar” de la embajada de nuestro país en Bolivia. Rodeada por militares y policías, día y noche, espiando, fotografiando y violando el derecho internacional.

La madrugada del miércoles, hubo gran movilización policial en torno a la Embajada de México en Bolivia. El asedio es mayor a los que hubo con dictaduras de América Latina, considera la SRE.

Lo que parece que no sabe el nuevo régimen de la señora Áñez es que México tiene políticas en las que no cede a las presiones. Baste recordar lo ocurrido en Chile en 1973. Entonces en Chile como ahora en Bolivia, el golpe de estado contó con el apoyo de Estados Unidos. México, con el embajador Gonzalo Martínez Corbalá, entonces salvó la vida de no pocos chilenos. ¿Ahora en Bolivia, México tampoco cederá?

Periodista, analista internacional

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