Finalmente, después de varias semanas de especulaciones y filtraciones sobre su contenido, la propuesta de reforma electoral fue enviada a la Cámara de Diputados. Esta iniciativa ha sido muy comentada en medios porque contiene varios puntos que no son aceptados ni por los partidos de oposición ni por los partidos aliados con Morena. A pesar de que se sabe públicamente que no cuenta con el apoyo suficiente para ser aprobada, fue remitida con muy altas posibilidades de que sea rechazada.
Si la política es el arte de lo posible, resulta contradictorio que al haberse agotado las posibilidades de conseguir los votos del PVEM y del PT, se haya tomado la decisión de enviar una iniciativa que sabemos no va a prosperar.
Queda evidenciado que no existe la más mínima posibilidad del gobierno de abrirse al diálogo. Un gobierno democrático acepta sus limitaciones y en aras de avanzar en temas de interés público, en la medida que sea posible, se abre a propuestas sin perder el objetivo. Eso ocurre en cualquier parlamento. Para eso se someten las iniciativas a discusión, para que se enriquezcan en un amplio debate, se logren generar consensos y se aprueben con modificaciones donde todos ganan, los promoventes porque se vota a favor y las demás expresiones políticas porque se toman en cuenta sus ideas.
Desafortunadamente se ha tratado al Congreso de la Unión como una oficialía de partes donde se reciben las iniciativas del poder ejecutivo, que se venían aprobando sin moverles ni una sola coma. Eso es, aunque lo nieguen los legisladores del partido gobernante, lo más parecido a un estado totalitario.
La reforma electoral propone la modificación de 11 artículos de la Constitución Política con el objetivo de ajustar la representación en el poder legislativo, dar más atribuciones a la autoridad electoral pero quitándole presupuesto y modificar las reglas de financiamiento.
Es una iniciativa realizada a la medida de Morena, donde se perfila que siga manteniendo sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión, carga de atribuciones al INE y lo vuelve inoperante, y no le entra al tema más delicado del financiamiento, que es sancionar a los partidos políticos cuando la delincuencia organizada pague campañas políticas.
Era una buena oportunidad de generar un amplio debate y construir una reforma electoral favorable para nuestra democracia. Enfrascarse en querer imponer su visión sin aceptar otras posturas refleja claramente que Morena no quiere hacer política porque ya se acostumbró a imponer. Y eso no es correcto que lo haga un partido que surgió en un marco legal democrático.
Su negativa al diálogo retrata de cuerpo completo el autoritarismo de Morena. Por lo pronto, los partidos políticos con los que se alió se dieron cuenta que ya no le son útiles y van a volver a intentar desecharlos en la primera oportunidad que tengan.
Son tiempos de defender la democracia, que se defiende de la mano de la sociedad y que ha estado atenta de cómo Morena quiere volver al pasado del partido único, que por el momento no va a ocurrir. Pero ya dejaron ver la tentación que tienen de tener todo el poder, así que ahora esperemos con que sorpresa salen próximamente.
Senador de la República y Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PAN

