En minutos, Donald Trump provocó un vuelco en la Historia. Se apropió de Venezuela. La liberó de Maduro para encadenarla a Estados Unidos. Es su nueva hacienda. La explotará con los capataces que tenía. Será su amo para siempre.
Llámese como se llame el hecho que implica la salida del tirano, decenas de categorías que definían y permitían entender el presente y visualizar. Sostener. Proyectar el devenir, han caído en pedazos. El despliegue de la fuerza las hizo añicos.
Conceptos que por años permitían explicar sucesos como el que hoy envuelve. Conmueve al planeta, sean guerra. Colonización. Invasión. Derrocamiento. Intervencionismo. Injerencismo. Expansionismo. Golpe de Estado, ya no son insuficientes para entenderlos.
Los invocan miles de plumas y voces. En todas partes. En el contexto de la tiranía de la confusión. Mas no despejan las dudas que entrañan. No permiten ver con claridad. Todo el fenómeno. Menos certeza sobre lo que sigue.
Lo que Trump hizo en Venezuela, un paso de la Razón a la Sinrazón, demolió el Derecho. La diplomacia. La política. La soberanía de los Estados. La democracia. Las libertades. La justicia…
Arrasó con esos invaluables instrumentos de la civilidad. De la Civilización. Convirtió la esencia de las relaciones de la Humanidad en el imperio de la brutalidad. El diálogo. La negociación. El acuerdo. La amistad. La buena voluntad, pronto se extinguirán.
Lor organismos internacionales pacificadores perdieron toda presencia. Influencia. Capacidad para cumplir su misión de arreglar conflictos. Tratados. Acuerdos. Cartas, entraron en la obsolescencia. La inutilidad total. El museo.
Ante el descarnado. Descarado uso de la violencia militar que Estados Unidos ha decidido emplear como instrumento disuasivo. Persuasivo. Decisorio. Decisivo de sus relaciones con el mundo, la inteligencia. Ideales. Ética. Principios, han sido aniquilados.
Todos los valores que han sostenido a la Humanidad. Aún con focos de conflicto, han sido echados al drenaje por el presidente norteamericano. Como nunca, han sido trocados por el dinero. Únicamente abrazado a ese Dios, del que no se soltará, puede sostener y reafirmar la hegemonía de su país.
Con Donald Trump, la tiranía se enseñorea en el escenario mundial.
Con la apelación a su poderío económico-militar, obliga al mundo a caminar de regreso al Estado de Naturaleza. Donde sólo impera la ley del más fuerte. Donde la bestialidad, movida por la ganancia. Colocada en el altar de adoración, borra todo sentimiento de compasión. Convivencia. Generosidad. Solidaridad. Humanismo.
Con esa impronta comienza a redefinirse la ominosa ruta que tendrán que seguir los seres humanos en el porvenir. Por un tiempo inimaginable. Nadie puede predecir la duración de la pesadilla.
Los clásicos antiguos y modernos han caracterizado al tirano sosteniéndose con el puñal en el pecho de los ciudadanos. Donald Trump ha decidido hacerlo apuntando con misiles a la sien de los gobernantes que no se plieguen a su voluntad. Interés. Capricho.
Los motivos que por años esgrimió el Imperio para realizar acciones directas o indirectas. Abiertas o encubiertas en países que no se alinearan ideológicamente con él, fueron la democracia y la libertad. Y todo lo que comprenden.
Hoy, Trump soslaya sin pudor esos argumentos. En Venezuela desplaza a Maduro y lo sustituye por Delcy Rodríguez con un solo propósito: gobernar el país con capital estadunidense y sometiendo. Manipulando a los corruptos que estaban en el gobierno para hacerse de una riqueza petrolera inmensa.
Su objetivo no es restablecer el orden constitucional. Jamás pugnó porque el presidente electo en los comicios del año pasado, Edmundo González, ocupara el puesto de Nicolás Maduro.
Tampoco sugirió. No consideró en ningún momento la posibilidad de que Corina Machado, ganadora del Premio Nóbel de la Paz, entrara al relevo del sátrapa que ahora es enjuiciado en Nueva York.
No ha puesto en perspectiva la pertinencia ni la necesidad de que se convoque a una nueva elección presidencial. La gente y el régimen popular no tienen ninguna importancia para él.
Consumada la captura de Maduro, se limitó a hablar de una transición. No dijo en qué consistirá. Los funcionarios que nombró para eso se limitarán a repartir contratos de explotación de los yacimientos petrolíferos. Las empresas están encantadas.
La transición, al no tener fecha de caducidad, se prolongará indefinidamente. Por la naturaleza y el espíritu oligárquicos de Estados Unidos, durará el tiempo que le convenga. Con certeza continuará después de la Era Trump.
Con el tesoro del subsuelo venezolano, EU se hará más rico. Más fuerte. Más poderoso. Más insaciable. Más egoísta. Más arbitrario. Más salvaje. Más desafiante.
El sometimiento que busca de otros países. A la buena por ahora y que seguro conseguirá, le va a permitir continuar como hegemón indiscutible en América. No permitirá a ningún competidor. Con el Continente completo en sus manos, como lo quiere, enfrentará a otras potencias.
Los ciudadanos de Venezuela no han sido. No serán consultados sobre la situación que viven ni sobre el destino que quieren. No son ni serán soberanos. Tendrán que conformarse. Resignarse con lo que les ofrezca. Con lo que quiera darles el tumbatiranos.
En un clima eventualmente de más libertades. Menos opresivo que el que a sangre y fuego recrearon Chávez y Maduro por décadas. Con trabajo-ingreso-bienestar, asociados a la explotación del petróleo; a la distancia y al tiempo, quizá algún día la democracia llegue a ser una realidad en Venezuela.
Esa perspectiva sería potencialmente legitimadora de la presencia de Estados Unidos en esa Nación. La (i)legalidad pasaría a segundo término. Para los pueblos es más ligera. Llevadera, la carga de presencias extrañas mínimamente justas, que el hambre y la opresión unidas.
Lo que está viviendo Venezuela es absolutamente inédito. Por el momento y en perspectiva, sólo ha pasado de una tiranía nativa a una tiranía extranjera.
Para prefigurar sus características. Sólo inicialmente, se puede decir que está en marcha un proceso de sustitución-sometimiento-apropiación: Eliminación de Maduro. Condicionamiento-manipulación de los funcionarios que deje en sus puestos. Extracción del petróleo.
La primera fase estuvo envuelta en un ataque enfocado a un objetivo. Fue unilateral. Momentánea. No hubo ocupación militar. No se dieron ataques a la población civil. No se quedaron los militares al frente. No comprende un beneficio mutuo. No hay ningún compromiso.
La de Trump en Venezuela es, en esencia, una Guerra de Conquista que militarmente duró un instante. El dominio continuará con el dinero. Sin confrontación. Será perpetuo.
En la declaración del presidente de que Venezuela será gobernada por Estados Unidos, se halla la esencia apropiatoria. El aprovechamiento. Control de su más preciado recurso.
La palabra apropiación deriva del latín appropriatio. Significa tomar algo privado, ajeno, --sea material o inmaterial--, y hacerlo propio. Es una acción dable al poderoso en perjuicio del débil. Es lo que Estados Unidos ha hecho a Venezuela.
Apropiación, en este caso, cobra un deplorable significado cuando se entiende. Se asume. Se practica como despojo. Robo. Atraco. Estafa. Pillaje. Pisoteando toda ley. La moral. Las instituciones.
Es lo que Estados Unidos ha hecho en Venezuela. Es lo que puede hacer cualquiera. Cuando le convenga. Le interese. Lo necesite.
Todo gobernante que haga eso para beneficio de su pueblo, merece más alabanzas que censura. La acción de Trump en Venezuela es un Golpe de Estadista. ¿Cuántos pueblos no desearían tener un gobernante como él?
El mundo está advertido. Ningún país está exento de las amenazas de Trump. No le importa la oposición internacional. Desdeña las críticas. La displicencia. Indiferencia. Ofensa. La burla, son su blindaje.
Delcy Rodríguez y los más cercanos colaboradores que tuvo Maduro, lo han entendido muy bien. Bajaron la cerviz. Reptarán. Harán lo que Estados Unidos quiera. Ya se lo anunciaron a la presidenta interina. Se doblegarán sin resistencia. Voluntariamente. Seguramente hasta complacidos.
Ningún país del Hemisferio está en condiciones de defenderse frente a la potencia desbocada. Iracunda. Despiadada. Son más vulnerables aquellos cuyos gobernantes están marcados por la corrupción y el crimen. Y esto, en México…más de uno o sabe.
Línea de Fuego
La reforma electoral, que había sido puesta en perspectiva de aprobación para inicio de año, podría haber empezado a hacer agua pese a lo que diga Ricardo Monreal. Posible consecuencia de lo que está ocurriendo en Venezuela. La sensatez y la racionalidad siempre son buenas, aunque sean obligadas o impuestas… “No es opción” una intervención de Estados Unidos en México, es una declaración lamentable de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ella no decide lo que para ese país es opción o no. Su petición de un juicio justo para Maduro está fuera de lugar. Parece una provocación, aunada al envío de petróleo a Cuba. ¿Será porque, en su defensa del huachicolero de la política ha entrado en un camino de no retorno?... ¿Creerá éste, por cierto, que con sus balandronadas puede revertir la decisión de Trump de acabar con Maduro? Es mejor que se cuide. Sabe que está en la lista negra. Si EU tumbó a un “presidente”, a él, a quien considera un criminal, lo puede sacar fácilmente de su escondite… Luisa María Alcalde asegura que su movimiento es el más fuerte del mundo. Tiene razón. Pero olvida decir que esa fuerza se la dan las decenas de narcopolíticos que están en sus filas. Constituyen su sector más poderoso… ¿Es función de la UNAM fijar un “posicionamiento” frente a temas como el de Venezuela? ¿No es más importante y urgente, en todo caso, que sus autoridades se dediquen a propiciar las condiciones para que esa institución funcione como se debe?... El ambiente nacional se había saneado un poco con el silencio del Changoleón. ¿Quién le quitó el bozal para que volviera a enrarecerse?

