La decisión está tomada. No hay opción. Descartada está cualquier reconsideración. Lo que podría llamarse Operación Limpieza de narcopolíticos en México por parte de Estados Unidos, previsiblemente comenzará en cualquier momento.
Que nadie tenga dudas. Ni se llame a sorpresa. No se convoque a ensayar el Himno Nacional. No se invoquen cooperación y coordinación sí; subordinación, no. Sólo ésta prevalecerá. Se impondrá por la fuerza. La coacción. La brutalidad. La sinrazón.
Que no se aludan soberanía. Independencia. Autodeterminación. Ningún Estado nacional, sobre todo en América, es dueño ya de esos principios. El Imperio los ha hecho pedazos. Los pisotea día tras día. En grado máximo.
Con ellos, han sido pulverizados también del Derecho Internacional. Las instituciones mediadoras de conflictos. Los acuerdos. Las libertades. La justicia. La democracia. La Inteligencia.
Ese andamiaje, que ha permitido la convivencia humana, sólo es válido para Donald Trump. Todos los principios y valores. Las normas. La Razón misma, son interpretados y aplicados a su arbitrio. A su manera. Capricho. Conveniencia.
En el ejercicio del poder, es un fiel seguidor de Andrés Manuel López Obrador, quien decidió todo sobre dos premisas: “Al Diablo con las instituciones”, y “No me vengan con que la ley es la ley”.
Con la regla –entendida como sufrimiento– que han medido a la sociedad los huachicoleros. Tomboleros. Acordeoneros. Viajeros VIP morenistas, serán medidos. Recibirán justo. Merecido castigo.
La Operación Limpieza ha sido reiteradamente anunciada por Donald Trump. El presidente no le pedirá permiso a nadie para que sus agentes entren a territorio mexicano y empiecen a llevarse a los padrinos. Protectores. Tapaderas. Cómplices de los narcotraficantes.
No será invasión. Ni guerra. Ni expansión. Ni agresión al país ni a la sociedad. Será un ataque a quienes considera enemigos. A los cárteles, que clasificó como terroristas. A la producción-exportación de fentanilo, que califica como arma de destrucción masiva.
Los nombres de los extraditables. Extraíbles. Exportables. Capturables, es larga. Cada uno de los que conforman esa lista lo sabe. Cualquiera de los realmente importantes, esperan la hora que se les viene encima. Está muy cerca.
Para justificar. “Legitimar” la incursión, el gobierno de Estados Unidos tendría previsto llevar ante los tribunales a los narcopolíticos más visibles. Identificables. Aquellos a los que la mayoría de la sociedad quiere ver sentados en el banquillo de los acusados. Encerrados tras las rejas para siempre.
Esa idea. Íntimo deseo colectivo, ha estado permeando en la mayoría de mexicanos. Está madura. Suficientemente internalizada como para que se concrete no sólo sin ningún rechazo social. Pero con cierto agrado. Como Sheinbaum jamás tocará a su tribu, se complacerá de que Trump lo haga.
En los últimos días se ha comentado con insistencia en los medios que la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, podría ser la primera presa grande. Importante. De peso, de la cacería que el jefe de la Casa Blanca ha estado acariciando. Su aventura estaría lista para ser desplegada.
Sobre ese caso, se refiere el hecho de que la visa de la señora Ávila fue cancelada. El divorcio de su esposo, Carlos Torres, se cree “arreglado”. La investigación que pesa sobre ambos por delitos graves sería susceptible de conducirla, junto con él, a una sólida imputación. A una dura condena.
Mas por tratarse de una dama. Estando en el “tiempo de mujeres”. Habiendo roto el techo de cristal como sector, su captura dañaría más al partido que la de un hombre. La presidenta querría evitarlo. Podría, por eso, tener un acto de gracia para ella. Un favor para envolver su situación. Aplazar lo inevitable.
Si se diera esta hipótesis, Ávila podría ser “entregable voluntariamente”. Mediante cualquier acuerdo. Pero no parece que pueda escapar a la inevitabilidad. La inexorabilidad de rendir cuentas.
El extraordinario trabajo que ha hecho el titular de Seguridad, Omar García Harfuch, es reconocido allá y acá. Pero no es suficiente para frenar al monstruo.
A Estados Unidos no lo conforman. Ni lo apaciguan los miles de criminales detenidos. Ni los cientos de narcolaboratorios destruidos. Ni las remesas de capos que México le ha enviado.
Lo que Trump quiere, y está dispuestos a conseguir, es a los jefes criminales del más alto rango. A los políticos que dan cobijo a los que se encargan de operar el descomunal. Fabuloso negocio de las drogas y de todos los crímenes que lleva asociados.
Su esquema de captura-extracción de narcopolíticos comprendería necesariamente. Primeramente, al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, exhibido insistentemente como colaborador de los cárteles más temibles. A los que habría protegido. De los que seguramente obtuvo considerable renta.
Una vez iniciada, la Operación Limpieza escalaría. Permanecería. Ora paulatinamente. Ora rápidamente. Si Adán Augusto López es señalado como el artífice de La Barredora, esta, como una institución de la Unión Americana, podría pasar por encima de él. Y arrastrar a Monreal. Haces y tantos otros.
En esa tarea, podrían caer después Alfonso Durazo, Alfredo Ramírez, Félix Salgado, verdadero gobernador de Guerrero que busca “reelegirse”, y Américo Villarreal, entre los más codiciados. ¡Hay tanta tela de dónde cortar!
El todavía gobernador de Tamaulipas es un rico filón de información sobre narcopolíticos. Se lo considera protector de media docena de sus pares. Que lo desconocen y han tomado distancia de él. Para “no contaminarse”.
Empero, no deben olvidar la sentencia que Donal Trump reitera: “Lo sabemos todo de todos”. No escapa ninguno. Sean hombres. Mujeres. Opositores. Funcionarios encumbrados. Legisladores. Militares. Empresarios.
El sistema político, visualizado como los integrantes del grupo que detenta el poder público en la actualidad. Sean del partido que fuere. De cualquier nivel, está en la picota. Construirlo ha llevado marcadamente siete años. Estados Unidos lo demolerá al ritmo. En el tiempo que le convenga.
Su objetivo último es Andrés Manuel López Obrador, ese personajillo que se veía en el Olimpo y ahora camina al Inframundo. Soñó con la trascendencia a la Historia por la puerta grande. Entrará en ella por el drenaje. Por su obra de desnaturalización. Envilecimiento. Huachicoleo de la política.
Como padre de la podredumbre que impera en Morena y en el gobierno, es, paradójicamente, la carta más importante que juega y seguirá jugando Estados Unidos, dada la postura complaciente. Encubridora, de Claudia Sheinbaum.
Con la simple amenaza. Sugerencia. Intento de “extraerlo”, puede conseguir todo de ella. Esa táctica le ha redituado enormes beneficios. La mantendrá mientras así convenga a sus intereses. Seguirá obteniendo beneficios extraordinarios.
Mantenerle sellada la frontera para frenar la migración sin beneficio a cambio. Las ventajas que pública o subrepticiamente ha conseguido. Las condiciones que le ha impuesto cada vez que ha querido, dan cuenta de que Sheinbaum nada puede ni quiere evitar de lo que a Estados Unidos le plazca.
En ese escenario, ni Trump va a dejar de usarlo como su carta infalible para adquirir lo que sea. Ni Sheinbaum va a consentir que lo toque. En la relación México-EU, López Obrador y sus peores canallas, son innegociables.
En esa irreductible posición bilateral, Estados Unidos ganará todo. Y México perderá todo. Nicos Poulantzas contemplará complacido la comprobación de su teoría de Suma-Cero. Uno gana lo que el otro pierde.
Esta es una ley universal. Histórica. Eterna. Inevitable. Obligada en las disputas entre poderosos y débiles. Entre ricos y pobres. Es el caso de Estados Unidos y México.
Sin embargo, es absolutamente inadmisible. Políticamente reprobable. Injustificable. Despreciable. Es moralmente condenable. Detestable. Es históricamente indigno. Deleznable. Infame, que en este caso la pérdida, pudiendo ser atenuada, sea voluntaria. Consciente. Total. Completa. Funesta condena. Imperdonable traición a todo un país para favorecer a una pandilla… encabezada por un miserable.
Línea de Fuego
Dionisio Meade, presidente de la Fundación UNAM, es un trabajador incansable por nuestra Máxima Casa de Estudios. Su alumnado. La sociedad. México. Por más de una década, ha hecho un formidable trabajo al frente de esa respetabilísima institución, a la que está llevando a sus 33 años de vida. Inmersa en una dinámica generadora de un mundo de beneficios y oportunidades para los dirigentes y constructores del país del porvenir inmediato. Empero, para él eso no es suficiente. Su entrega y compromiso es hacer más todavía. A lo que miles de ciudadanos, universitarios o no, podemos y debemos sumarnos entusiastamente. Y contribuir generosamente… Santiago Nieto Castillo, director del IMPI, anunció hace algunas semanas que terminaría con las estafas que algún vivales estaba haciendo con la renovación de patentes y marcas en esa dependencia. El problema no se ha resuelto. Propimex sigue ofreciendo ese servicio. Vulnerándola. Apropiándose de datos sensible. Confidenciales. Y causándole pérdidas económicas importantes… Los ministros de la Suprema Corte no tienen vergüenza. Son una auténtica lacra. ¡Son parte de tu herencia maldita, Andrés Manuel! Los papelazos que han hecho recientemente con ceremonias infantiloides para autoinvestirse, compra de lujosas y costosas camionetas para ellos y de cientos de autos para empleados, viajes, excesos de todo tipo, los hacen despreciables. Odiosos. Empero, todo tiene límites… Manuel Roberto Farías Laguna, el vicealmirante investigado por huachicoleo fiscal, pide a la presidenta Sheinbaum la revisión de su caso. Salvo que le confiriera amnistía (olvido), no se ve cómo, aún con su poder, podría sacarlo de apuros. ¿Será cierto que incluso ha ofrecido “entregar” a su tío, el ex secretario de Marina, José Rafael Ojea, con tal de “librarla”, junto con su hermano Fernando?... El peligroso criminal Ryan Wedding no se entregó, como dice el gobierno. El director del FBI, Kash Patel, lo desmintió. Gran mentira. Estados Unidos no ordenó la suspensión de envíos de petróleo a Cuba, lo dispuso México de manera soberana. Otra gran falacia. Esta, totalmente normalizada. Repetida a diario como modo y método de gobierno. Claudia Sheinbaum tiene tanta necesidad de tender cortinas de humo a su crítica. Endeble. Vulnerable. Lamentable situación que, en lugar de entregarse a atender los asuntos del Estado, lastimosamente se ocupa en enviar una carta al presidente de Corea del Sur para que el grupo BTS, de ese país, abra más fechas de presentación en México. Ante la incapacidad y el engaño, distracción. Como en Roma: panem et circenses… et multus sanguis. (Pan y circo…y mucha sangre).

