El cumplimiento de la sentencia está en curso. “Cuba caerá muy pronto…”. En manos de Estados Unidos.
Eso, previsiblemente, ocurrirá en días. Cuando mucho en semanas. En meses es lejos. En años es impensable. Ya es insostenible.
Esa es ya una decisión asumida por Donald Trump. Los últimos momentos de un gobierno supuestamente de “izquierda”. Tiránico. Fracasado. Esclavista. Carnicero. Inhumano, corren estrepitosamente. Sus días están contados.
Y quizá para los ciudadanos de ese país la transición a cualquier otro régimen no sea tan ominoso. Aunque sea poco, del capitalismo se benefician más que del comunismo.
Con una estrategia diferente, Estados Unidos se apropiará de Cuba. Como lo hizo con Venezuela.
Lo hará sin presiones. Sin asaltos. El gobierno de Miguel Díaz-Canel apunta a precipitar lo inevitable. Ya busca negociar. Sus urgencias son apremiantes. Salvándose él, entregará el país.
La “diplomacia” ha entrado en juego. De una parte y de la otra. Ya deja ver sus primeros trazos. Evitará el uso de la violencia. El cambio será negociado.
Por medio de ese instrumento, Estados Unidos se hará de los cuantiosos recursos naturales explotables de Cuba. Con independencia del reforzamiento de su posición geoestratégica para enfrentar a sus enemigos.
A Venezuela, quitando a Nicolás Maduro, encarcelándolo, le arrebató su riqueza petrolera. Le impuso gobernantes dóciles. Títeres. Que, para no ser llevados ante la justicia, acatan ciegamente sus órdenes.
A Cuba, mediante un arreglo con la élite podrida que la ha expoliado, la despojará de todo. Le impondrá el capitalismo. Para su entero beneficio primero. Algo quedará después para los desesperados. Empobrecidos cubanos.
Miguel Díaz-Canel no tiene opción. Se hace a un lado de toda acción y decisión norteamericana. La apoya. La consiente. O, por cualquier medio y motivo, pagará un precio que no le conviene. No le gustaría.
Desprotegido. Debilitado. Vulnerable, hoy se asume como manso. Dócil colaborador. Ya dio muestras de que no desea encarar la iracundia del jefe de la Casa Blanca. Seguirá en esa línea.
La declaración del presidente Trump de que “… la Isla buscará un ’trato’ con Washington”, después de anunciar la imposición de aranceles a los países que le suministren petróleo, tuvo su respuesta inmediata.
Un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, que debió ser aprobado por él, dice que Cuba “reafirma su compromiso para trabajar con Estados Unidos…”. En este, toda disposición y voluntad, incluye el combate al terrorismo. Narcotráfico. Lavado de dinero...
La petición que Trump le hizo a Sheinbaum de que deje de suministrar petróleo a Cuba y que ella negó incluso como tema de conversación en la última llamada que sostuvieron, podría inscribirse en un acuerdo discursivo mutuo que salva la postura de ambas partes, pero que terminaría por favorecer el interés de Estados Unidos.
Ante lo que se ve una temeraria medición de fuerzas, ella sostiene que su gobierno no acepta que no haya ayuda humanitaria al país que lo requiera. Él asegura que ella “no está enviando nada”. Y se ufana de haber impuesto un freno a las exportaciones de crudo.
De ser simplemente declarativa esa contradicción entre los jefes de Estado, la ayuda mexicana, no en combustible, pero sí en otro tipo de satisfactores, evitaría la crisis humanitaria que tanto le preocupa a Sheinbaum. Mientras, Trump dispone de tiempo para negociar la salida de, con, Díaz-Canel.
Esto se traduce en una sola cosa: Dinero. Avidez de riqueza. Insaciabilidad económica. Superioridad. Dominio. Hegemonía.
A diferencia de la fuerza a la que apeló en Venezuela para desterrar al tirano, al que posee el poder en Cuba lo anulará mediante el convencimiento de que –por cualquier vía– acepte su relevo.
Seguidamente, sobre la propia ley de Cuba, con toda la tranquilidad, se apropiará. Explotará. Usufructuará toda su riqueza nacional.
Un eventual ofrecimiento a Díaz-Canel de respetar su vida. Sus bienes. Su familia, susceptible de ampliarse a Raúl Castro. Incluso de darles protección en territorio estadunidense, sería su puerta de entrada a la Isla. Como en su casa.
Sin imaginarlo. O previéndolo, el ex presidente Raúl Castro delineó esa ruta hace una década. A ese momento, implicaba abrazar tímidamente el capitalismo. Ahora, para su sucesor, esta forma de acumulación representa la salvación. Para él. Para once millones de personas que se debaten entre el hambre y el terror.
La Nueva Ley de Inversión Extranjera de Cuba, que aprobó la Asamblea Nacional del Poder Popular el 29 de marzo de 2014 a propuesta presidencial, buscaba –está vigente– una reforma estructural que, en pocas palabras, contiene un giro del comunismo al capitalismo. En los hechos, aquél ha desaparecido. Este florece en todo su esplendor.
Esa legislación, aprobada tras la caída de la URSS, sustituye a la Ley 77, de 1995. Y esencialmente se enfoca a fomentar el comercio y los mercados con otras potencias. Léase Estados Unidos, con quien no tiene intercambio desde 1959 por sus diferencias ideológicas. Insalvables hasta ahora.
El Imperio comenzó a saborear el delicioso manjar que obtuvo apropiándose de Venezuela. Mas, insaciable. Glotón. Voraz, se apresta a engullir el maravilloso. Suculento bocado caribeño.
Ubicada a sólo 90 millas de Florida, Cuba tiene una superficie de casi 110 mil kilómetros cuadrados. Una población de 11 millones de personas y una línea costera de cerca de 6 mil kilómetros.
Ésta, solamente, constituye un atractivo enorme para Estados Unidos. La sembraría de hoteles. Casinos. Centros Financieros. Parques temáticos e industriales. Estadios. Auditorios. La industria del turismo en todas sus áreas se dispararía. Las ganancias para los inversionistas, sobre todo norteamericanos, serían fabulosas.
La Ley de Inversión Extranjera de Cuba les permite incursionar y/o participar en todas las actividades productivas. En algunos casos, considera a sus ciudadanos. Los pocos ricos que hay, seguramente se sumarían a los proyectos y/o empresas foráneas. Los obstáculos y trabas que aún haya, serían derribados. Cualquier inconveniente a sus operaciones se salvaría.
En una parte de la exposición de motivos de la iniciativa, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Juan Esteban Lazo Hernández se estableció:
“La presente Ley y su legislación complementaria establecen un sistema de facilidades, garantías y seguridad jurídica a los inversionistas cuyo objeto es atraer y utilizar capital extranjero”. El gobierno sería casi el único capaz de hacer esa tarea.
Y subrayó:
“Las inversiones extranjeras en la República de Cuba se orientan a la diversificación y expansión de los mercados de exportación (…), a la obtención de financiamiento externo (…)”.
En el artículo 3 se precisa:
“El Estado cubano velará porque los beneficios otorgados a los inversionistas extranjeros y sus inversiones se mantengan durante todo el período para el cual fueron otorgados”.
El artículo 4, inciso 1, recalca:
“Las inversiones extranjeras en el territorio nacional de Cuba gozarán de plena protección y seguridad jurídica y no podrán ser expropiadas (…)”.
La mesa está servida. Para Estados Unidos. Donald Trump. Los magnates. Los dueños del mundo.
Miguel Díaz-Canel, el protegido del huachicolero de la política, Andrés Manuel López Obrador. Y de su sucesora, Claudia Sheinbaum, será el encargado de llevarles el menú. Servirles el banquete y guardar silencio. Ver de lejos el festín.
La creación de empresas. El aterrizaje de inversiones multimillonarias. La generación de empleos. La producción de todo tipo de bienes. Comerciar. Exportar. Ganar. Acumular y hasta la mitigación del hambre, estarían en perspectiva inmediata de hacer su aparición en el escenario cubano.
Esa. Ninguna otra, es la cruda esencia del capitalismo. La descarnada antítesis del comunismo. La realidad única. Que refuta. Desmiente. Desbarata. Niega, el discurso idiota de la izquierda. Y desnuda. Desenmascara y hunde históricamente a los imbéciles izquierdistas.
Capitalismo. Aspiración de Cuba hace más de una década. Incluso con Raúl Castro. Capitalismo, hoy, imperativo categórico. Nuevo altar de adoración para quienes desgobiernan ese país. Al que corren presurosos a postrarse. Arrodillarse. Entregarse, como única oportunidad de vida.
Capitalismo. Ahí está el mundo mostrándolo. Viviéndolo. Defendiéndolo. Recreándolo. Y Estados Unidos, dispuesto. Preparado para enseñarle el camino. El paraíso a Cuba. Abriéndola. Poseyéndola. Apropiándosela. Haciéndola partícipe de la orgía del neoliberalismo.
Reservada para unos cuantos. Pero por necesidad y potencial para incorporar. Beneficiar de algún modo a muchos miserables de hoy, los cubanos preferirán la esclavitud del capitalismo… que la del comunismo.
Línea de Fuego
La presidenta Claudia Sheinbaum se reconoce con tan poco poder, que atribuye únicamente a Adán Augusto López la decisión de dejar la coordinación de su grupo en el Senado. Mínimo, su relevo se debe al huachicolero de la política nacional, Andrés Manuel López Obrador. No es improbable que lo haya dispuesto Estados Unidos, que ya casi todo lo pide. Aunque en realidad lo ordena. Si este fuere el caso, los tres, y muchos otros, tienen bastante de que preocuparse…Corre la exigencia social como estribillo: ¡Salinas al SAT le va a pagar! ¡También a Epigmenio le debe cobrar!... La senadora Andrea Chávez le ve cada día más alas a la gubernatura de Chihuahua por la calamitosa situación en la que se halla su protector... Mario Delgado recibió un aviso muy claro con el asesinato de sus familiares. Su propia integridad dependería, se asegura, de que cumpla o no con lo que “le se le ha ordenado”… Los ciudadanos de Aguascalientes son amenazados por el merolico que quiere gobernarlos. A sus pretensiones de suceder a la panista Tere Jiménez, le han respondido en redes sociales que jamás aceptarán tener en el poder una mala copia del Chango León. La “Grandeza” que promueve el legislador, es repudiada como “Bajeza” y “Vileza”, características de su amo… Jorge Romero Herrera descubre el hilo negro al señalar que Morena encubre responsabilidades en el descarrilamiento del Tren Interoceánico. Si con eso piensa reposicionar al PAN, él y su partido están perdidos… En Sinaloa sigue corriendo la sangre y el gobernador, Rubén Rocha Moya, ni se inmuta. Tiene el apoyo del ex presidente y del de su sucesora.

